En los huertos de avellanos, almendros y nogales del centro-sur de Chile no se escucha el vértigo de la cosecha de cerezas. No hay vuelos chárteres que despeguen contrarreloj ni precios que cambien de un día para otro en una pantalla de Shanghái. Hay, en cambio, árboles que crecen con paciencia y una industria que avanza sin estridencias. Pero bajo esa calma se está gestando un relevante movimiento estratégico de la agroexportación chilena: la consolidación de los frutos secos como un segundo gran eje estructural del sector.
Durante la última década, Chile ha construido una reputación internacional como potencia frutícola. En ese tablero, la cereza ha sido la gran protagonista. Sin embargo, la concentración en un solo producto y en un solo mercado ha dejado expuesta a la industria frente a cambios de demanda, presiones logísticas y ajustes de precios.
En ese contexto, “los frutos secos cumplen un rol distinto al de la fruta fresca. Son cultivos más estables, con una logística menos dependiente de ventanas críticas, lo que les da un valor estratégico en un escenario global más incierto”, plantea Jorge Andrés Ovalle, director de AFRUSEC, Asesoría en Frutos Secos.
Lo anterior se traduce en ventajas operativas concretas, como explica José Pablo Correa, asesor de frutos secos de Trinuts y director fundador de PlanetNuts: “En primer lugar, el manejo es más simple, con menores requerimientos logísticos. Segundo, es un producto más industrial, que permite estandarizar procesos y calidades. Y tercero, el tiempo: se puede almacenar y esperar mejores condiciones de mercado, lo que le da al productor mayor capacidad de decisión”.
Atributos que cobran aún más relevancia en un contexto global marcado por la volatilidad logística y energética. “Hoy, con el aumento de los valores del petróleo, muchas alternativas de exportación de largo tránsito quedan fuera de mercado. Los frutos secos, en cambio, no requieren refrigeración intensiva y pueden esperar mejores condiciones de flete, lo que incluso les permite aprovechar retornos de carga. Eso les da una ventaja comparativa importante frente a otros productos”, agrega Ovalle.

El fenómeno, sin embargo, no responde solo a una coyuntura. Se inserta además en tendencias de largo plazo, como la creciente demanda por alimentos saludables, proteínas vegetales y snacks funcionales. En ese escenario, el cambio no es marginal, dice el director de AFRUSEC. “El futuro de la fruticultura nacional estará fuertemente marcado por los frutos secos, lo que permitirá dejar atrás la dependencia de productos altamente perecibles y avanzar hacia una base productiva más estable”.
LIDERAZGO REGIONAL Y CONSOLIDACIÓN DEL SECTOR
Chile es hoy el líder indiscutido en la exportación de frutos secos en América Latina y el principal proveedor del hemisferio sur. Además, se posiciona como el segundo mayor exportador de nueces a nivel mundial, junto con consolidar una presencia relevante en ciruelas deshidratadas y avellana europea.
Este posicionamiento se sostiene en un crecimiento consistente en los últimos años. José Pablo Correa señala que “se trata de una industria que es más grande que la cereza, tanto por superficie como por proyección”. Además, explica que, dentro de este sector, “el avellano lidera con cerca de 65.000 hectáreas y un crecimiento anual de entre 4.000 y 5.000 hectáreas, seguido por el nogal, que bordea las 40.000 hectáreas y que, si bien dejó atrás su fase de expansión, se mantiene dinámico a través de la renovación de huertos y de productores que amplían superficie o migran desde otros cultivos hacia un negocio más estable y conocido”.
Luego están los almendros, con cerca de 11.000 hectáreas concentradas en la zona centro-norte del país, donde las restricciones climáticas y de disponibilidad hídrica han limitado su crecimiento. En este caso, la tendencia actual apunta más a la reorganización y replante de huertos que a nuevos desarrollos.
El caso del castaño marrón (que es un fruto seco, pero se trata como fruto fresco), con alrededor de 3.500 hectáreas, comienza a posicionarse como una alternativa atractiva asegura Correa. “Su expansión se proyecta principalmente desde Ñuble hacia el sur, donde encuentra mejores condiciones agroclimáticas, con menores costos de manejo y buenos retornos, además de una alta compatibilidad con el avellano, que facilita su integración productiva”, complementa.
En conjunto, los frutos secos ya configuran una industria relevante para Chile, con exportaciones que, según estimaciones sectoriales, superan los US$1.300 millones anuales y volúmenes que bordean las 350 mil toneladas.

El aislamiento geográfico, su condición fitosanitaria y su red de acuerdos comerciales han permitido que el país se inserte en cadenas globales que buscan diversificar orígenes y reducir riesgos de abastecimiento. A ello se suma un nivel técnico consolidado en el tiempo. “Chile es una industria madura, reconocida mundialmente por la calidad de sus frutos secos y su nivel agronómico. Incluso exportamos conocimiento y asesoría a otros países”, destaca el director de Planet Nuts.
Asimismo, Jorge Andrés Ovalle asegura que “muchos productores están mirando los frutos secos como una forma de diversificar riesgos dentro de la fruticultura”, consolidando su rol como complemento estratégico dentro de la matriz productiva.
Sin embargo, aún persisten desafíos relevantes: costos laborales al alza, escasez de mano de obra, presión hídrica en ciertas zonas y la necesidad de modernizar infraestructura rural. La sostenibilidad, además, dejó de ser un atributo diferenciador para transformarse en una condición de acceso a mercados.
El verdadero debate no es si el sector puede crecer o no. Es cuánto y a qué velocidad. Y, sobre todo, si el país será capaz de capturar mayor valor agregado, sofisticar su oferta y evitar caer en la trampa de la simple expansión de superficie sin estrategia comercial.

AVELLANA: ORDENA EL TABLERO
La industria del avellano europeo en Chile ha crecido de forma sostenida en la última década, impulsada por nuevas plantaciones, avances técnicos y condiciones favorables en el sur del país. En un mercado altamente concentrado —liderado por Turquía con cerca del 70% de la producción mundial, seguido por Italia— Chile se posiciona como el principal productor del hemisferio sur y el tercero a nivel global.
A diferencia de otros frutales más expuestos a la volatilidad, el avellano ha logrado sostener una expansión más estable. En este contexto, Camillo Scocco, gerente de Agrichile (filial agrícola de Ferrero Hazelnut Company), señala que “los acuerdos de largo plazo son, en términos generales, un factor que ha contribuido a dar mayor estabilidad al desarrollo del sector agrícola a nivel internacional, en un mercado marcado por la variabilidad productiva entre distintos orígenes y temporadas. Contar con relaciones más estables a lo largo de la cadena permite enfrentar mejor esa variabilidad y avanzar hacia un abastecimiento más consistente”.

El crecimiento del avellano en Chile ha estado acompañado por la entrada en producción de nuevas plantaciones y por el desarrollo técnico del cultivo, incluyendo mejores prácticas agrícolas y el buen desempeño de las zonas del sur.
“Este proceso también ha implicado importantes inversiones para fortalecer la cadena productiva. Entre ellas, destacan la ampliación de la capacidad de procesamiento en la planta San Gregorio —que alcanzará alrededor de 50.000 toneladas anuales—, el desarrollo de una nueva planta en La Araucanía y el aumento de la capacidad de almacenamiento en aproximadamente 10.000 toneladas de fruta limpia y seca”, detalla Scocco.
A su vez, reconoce como uno de los principales desafíos el “asegurar una adecuada coordinación en la postcosecha, tanto en la programación de entregas como en el cumplimiento de los estándares de humedad, lo que resulta clave para optimizar los procesos y el funcionamiento de la cadena”.

Frente a la consulta de qué tan realista ve el escenario de que el avellano pueda duplicar su volumen en los próximos años e incluso competir por superficie con cultivos como la cereza, Scocco es cauto: “El avellano ha mostrado un crecimiento sostenido en Chile durante la última década, impulsado por la entrada en producción de nuevas áreas, el desarrollo técnico del cultivo y condiciones productivas favorables. Las estimaciones del sector apuntan a que esta tendencia se mantendrá en los próximos años, con volúmenes que reflejan ese crecimiento estructural. En este contexto, el desarrollo del cultivo se da en línea con la consolidación de Chile como un actor relevante dentro del mercado global de la avellana, más que como una dinámica de competencia directa con otros cultivos”.
En contraste, Jorge Andrés Ovalle, director de AFRUSEC, pone el foco en los riesgos asociados a la concentración de la demanda y la necesidad de diversificar mercados: “Si no abrimos mercados independientes estamos limitados. Hoy día existe un monocomprador (Ferrero), lo que obliga a desarrollar canales alternativos, de lo contrario podría pasar algo similar a lo que sucede con la cereza frente a China”.
CIRUELA DESHIDRATADA: JUGADORA DE GRANDES LIGAS
La industria chilena de ciruelas deshidratadas se ha consolidado como un actor líder a nivel mundial, con una producción cercana a las 100 mil toneladas, presencia en más de 80 mercados internacionales y una cadena que involucra a más de 600 productores, abarcando sobre 13 mil hectáreas y exportaciones superiores a los US$ 300 millones. El presidente de Chileprunes, Pedro Pablo Díaz, destaca su carácter único y estratégico, reflejo de un trabajo sostenido en toda la cadena de valor. “Esta es una pequeña gran industria, que ha entregado enormes retribuciones a Chile y al mundo. Nuestra producción agrícola, métodos de cosecha, secado, procesos y comercialización, son de características únicas, llevando al consumidor final un producto cuya calidad es comparable solo con las industrias más complejas. Por los grados de especialización, es un negocio solo para expertos”.
El negocio de la ciruela deshidratada se desarrolla en un mercado global altamente concentrado, donde pocos actores definen el equilibrio entre oferta y demanda. En los últimos 15 años, la producción mundial se ha mantenido en torno a las 210 mil toneladas métricas, con una leve baja proyectada para la temporada 2025/2026. Cuatro países concentran cerca del 95% de la oferta global, mientras que Chile y Estados Unidos explican aproximadamente el 70%, lo que hace que cualquier variación productiva tenga efectos directos en el mercado.

En paralelo, China se ha consolidado como uno de los principales motores de crecimiento de la demanda, aumentando sus importaciones desde cerca de 5 mil toneladas en 2010 a alrededor de 40 mil en la actualidad. Este dinamismo responde, en parte, a la fuerte asociación del producto con beneficios para la salud, especialmente en el ámbito digestivo, como snacks saludables o como ingredientes para la industria alimentaria.
De cara al futuro, el crecimiento se proyecta sostenido, aunque con desafíos en absorción de volumen y exigencias de calidad. La producción podría acercarse a las 130 mil toneladas hacia 2030. En ese escenario, Díaz advierte que “no nos podemos conformar con un calibre 75, debemos apostar a una ciruela de mayor tamaño y dulzor para los destinos europeos que están pidiendo calidad y no solo condición natural”.

ALMENDRA: VALOR POR SOBRE VOLUMEN
La industria de la almendra en Chile se ha posicionado como un actor de nicho en un mercado global altamente concentrado, dominado por Estados Unidos y Australia, donde solo el primero tiene cerca del 80% de la producción mundial. Con menos del 1% de la oferta, y una producción que bordea las 8.000 a 10.000 toneladas anuales en Chile, el sector ha optado por una estrategia centrada en calidad, consistencia y acceso a mercados de mayor valor, según explica Sebastián Valdés, presidente de Chile Almonds.
“A igual estándar de producto, Chile entrega una almendra mucho mejor que la competencia internacional. Esta condición le permite descremar mercados y escoger aquellos que mejor paguen su calidad, los que en el presente son los países que presentan ventajas arancelarias para Chile, o los clientes importadores que abastecen canales más premium”.
Asia, específicamente China, es un gran importador de almendra y el principal socio comercial de Australia, el segundo mayor exportador del mundo, afirma Valdés. “Es un gran mercado, pero de precio promedio inferior a lo que hoy consiguen los exportadores chilenos, lo que ha hecho que no se concreten tantos negocios como se esperaba cuando se abrió el destino”. Y agrega: “Los grandes programas de las cadenas de supermercados de Europa, Estados Unidos o Asia sobrepasan la disponibilidad total de almendra chilena. Es por ello que encuentra su lugar donde valoran una almendra más entera, de buen color y sabor, y están dispuestos a pagar un diferencial de precio, que, en los últimos años, ha sido de alrededor de un 20%”.
Respecto de la almendra orgánica, nuestro país cuenta con escasos proyectos, pero tiene las condiciones y el conocimiento para ello, dice Valdés. “Es una alternativa que va en línea con el posicionamiento de Chile y, si bien el grueso de sus clientes no son compradores habituales de producto orgánico, hay un mercado que sobrepasa por mucho la oferta existente en los países tradicionales europeos que son compradores habituales de almendra chilena”.
Hacia adelante, el desafío estará en profundizar esa diferenciación. “No sólo es necesario encontrar variedades que logren calidad y productividad en suelo chileno, sino también que se puedan comercializar a precios competitivos con la Non Pareil (la variedad de almendra más comercializada del mundo) y que den los retornos esperados por el productor”, comenta el presidente de Chile Almonds. “Chile no tiene problemas para colocar la excelente almendra que produce, sino para conseguir las productividades que atraigan a productores a plantar almendro en desmedro de otras especies que han estado dando buenos retornos en la zona central del país. Traer nuevas variedades puede ser una solución para mejorar esa productividad insuficiente y extender la zona productiva en Chile, lo que le sumaría atractivo al almendro, que ya goza con la nobleza del producto, la operación mecanizada, y un mercado creciente en usos para el fruto seco más versátil que existe”, finaliza.

NUEZ: CRECER Y SOSTENER LA CALIDAD
La industria de la nuez en Chile se ha consolidado como uno de los pilares de la fruticultura de exportación. Mientras China lidera la producción mundial, seguida por Estados Unidos (principalmente California), Chile cuenta con presencia en más de 70 mercados y con producciones que han superado las 200.000 toneladas, de acuerdo con Chilenut.
Chile ocupa actualmente el segundo lugar como exportador de nueces con cáscara y el tercero en nueces sin cáscara. En este escenario, la región del Biobío juega un papel relevante, tanto por sus cultivos como por su capacidad de procesamiento.
Cifras del sector señalan que los envíos totales de nueces con y sin cáscara acumulados entre enero y diciembre 2025 alcanzaron un nuevo hito de US$ 631 millones, incrementándose 54% respecto al mismo período del año anterior, y creciendo 43% respecto al año 2023. Esta cifra es la más alta que se ha registrado en las exportaciones de este producto. Asimismo, durante el año pasado, los mercados principales fueron el alemán y el indio, los cuales recibieron 16% cada uno del total de los envíos nacionales. Luego se ubicaron Italia (11%), España (10%) y Emiratos Árabes Unidos (9%).

Esta diversificación ha permitido sostener el crecimiento, aunque en un contexto de mayor presión. Hoy el foco no solo está en mejorar la productividad por hectárea, la homogeneidad de calibres y avanzar en formatos de mayor valor agregado, sino también en responder a la contingencia. “Hoy la nuez está muy expuesta a factores externos. Por un lado, cualquier tensión en el Estrecho de Ormuz impacta el precio del petróleo y encarece la logística global. Y, por otro, lo que ocurra en California es determinante: si se genera sobreoferta o problemas para colocar su producción, los precios internacionales caen y eso termina afectando directamente a Chile”, declara Jorge Andrés Ovalle, director de AFRUSEC.
PISTACHO: ¿JOVEN PROMESA?
El pistacho aparece con frecuencia como una de las apuestas más atractivas dentro de los frutos secos, impulsado por una demanda global creciente y precios relativamente estables. Este cultivo, conocido como el “oro verde”, ha experimentado un auge a nivel global, con una producción que bordea el millón de toneladas anuales, concentrada principalmente en Estados Unidos, Irán y Turquía, según el International Nut and Dried Fruit Council. Sin embargo, en Chile, se trata de un cultivo altamente sensible y de comportamiento añero, con fuertes variaciones de producción entre temporadas, lo que dificulta la planificación y estabilidad de ingresos, explica Jorge Andrés Ovalle.

“El pistacho es tremendamente sensible, con una producción muy irregular. En California han invertido muchísimo para lograr estabilizarlo, pero aun así es un cultivo complejo. A diferencia de ese mercado, donde grandes empresas operan con escala e integración comercial, en modelos comparables a cooperativas como Blue Diamond, y donde el pistacho también cumple un rol estratégico dentro de portafolios agrícolas más diversificados, en Chile no existen esas condiciones. En California, además, los sistemas de seguros agrícolas permiten que cultivos menos rentables, pero más resilientes frente a eventos climáticos, formen parte de una estrategia de gestión de riesgo, algo que no ocurre a nivel local”.
A esto se suma una brecha agroclimática, como advierte José Pablo Correa de Planetnut. “Tenemos varios clientes que nos han pedido evaluar condiciones para plantar. Yo mismo voy a California a ver algo de pistacho, pero en Chile es difícil que se desarrolle, porque no contamos con las condiciones climáticas necesarias. El pistacho necesita una combinación muy específica de frío y calor, y en Chile esa combinación no se da: donde hay calor, falta frío, y donde hay frío, falta calor. Eso afecta directamente la apertura del fruto. En Chile hay cerca de 200 hectáreas, con muchos microensayos, pero no veo un desarrollo importante en el corto plazo”, concluye.

