Durante décadas Latinoamérica miró a China como el gran mercado al que había que llegar. El desafío era seducir a ese consumidor inmenso, abastecerlo con regularidad, enseñarle a valorar el producto y capturar una parte de su crecimiento. Pero mientras se dejaba cautivar y gastaba su dinero en importaciones, China hacía algo más importante: aprendía. Aprendía qué variedad gustaba más y tenía mejor vida de postcosecha, qué formato industrial agregaba más valor, qué relato de marca conectaba mejor con el consumidor y qué eslabones de la cadena eran demasiado estratégicos para dejarlos en manos ajenas. El comprador era también alumno, y probablemente, el mejor de la clase.

La gran virtud de China en su asombrosa reconversión agrícola no ha sido edificar desde cero cada nueva agroindustria, sino aprender rápido de los que ya lo hicieron. Su método parece repetirse con rigor en una suerte de patrón: Primero abre sus puertas al producto importado; luego deja entrar genética, tecnología y conocimiento; después concentra el aprendizaje en territorios favorecidos por clima y política pública; más tarde construye infraestructura de procesamiento, frío y logística; desarrolla productos y marcas; y finalmente usa su enorme mercado interno para financiar la escala. Lo que comienza como importación, evoluciona a sustitución y finalmente a exportación. El alumno termina siendo el profesor de la clase.
El caso de Xin Mei es quizás el más elocuente. En el condado de Jiashi, en la región autónoma de Xinjiang, el año 2005 una estación local introdujo tres variedades extranjeras de ciruelo tipo europeo para enriquecer la genética interna, y a ese conjunto se le dio el nombre de Xin Mei. En noviembre de 2010, las variedades Xin Mei N°1, N°2 y N°3 fueron aceptadas por el comité de aprobación de variedades forestales de Xinjiang, transformándose con el acto en variedades locales. Jiashi fue convertida en un territorio prioritario de aprendizaje y desarrollo de la nueva agroindustria. La superficie plantada de Xin Mei en Jiashi pasó de 1.600 hectáreas el 2010 a cerca de 40.000 el 2025, con una producción de 460 mil toneladas en fresco, la mayor entre todos los países productores globales de ciruelo tipo europeo.
Siendo Xinjiang una de las regiones más pobres de China, el gobierno central promovió políticas de transferencia económica desde las regiones costeras, ordenando la inversión privada en investigación y desarrollo, infraestructura de empaque, procesamiento agroindustrial, desarrollo de marcas para promover el consumo de Xin Mei, y almacenamiento y transporte en frío para abastecer a todas las grandes urbes locales. En pocos años China transformó una pequeña industria importadora en un negocio local de más de un billón de dólares.
El mismo patrón se observa en el arándano. Entre 2011 y 2012 China abrió su mercado a las importaciones de casi todos los orígenes relevantes, siendo Perú y Chile los que mejor aprovecharon la oportunidad, llenando casi por completo la ventana con sus envíos. El año 2013 la multinacional Driscoll’s estableció su primer predio de arándanos en la provincia de Yunnan, como parte de una política gubernamental de apertura práctica al know-how en una agroindustria que se vislumbraba con potencial. A partir de esa apertura Yunnan no sólo comenzó a ser el centro productivo del arándano chino, sino también la escuela local de adaptación varietal y agronómica. El año 2019 la misma provincia impulsó la iniciativa “Un condado, una industria”, que fomentó la plantación de arándanos, entre otras especies, en cada uno de los condados que fueron foco de la ayuda económica gubernamental, así como la construcción de infraestructura de empaque y almacenamiento en frío.
Esta medida se expandió el 2022 a la distribución nacional del producto y su comercialización masiva en internet. El 2024 el arándano pasó a ser un cluster exclusivo de subvención gubernamental, dejando de ser un beneficiario indirecto de medidas que abarcaban todos los productos agroindustriales, lo que redundó en planes trienales de desarrollo de la industria, la creación de genética propia, la expansión en infraestructura crítica, y el lanzamiento y promoción de marcas regionales. Como resultado, el año 2021 China se convirtió en el mayor productor mundial de arándanos, con cerca de 70 mil hectáreas plantadas y 480 mil toneladas de producción, comenzando su fase exportadora el año 2023, que hoy la tienen con 8 mil toneladas en envíos anuales.

La uva de mesa ofrece otro ejemplo. Allí China ya no sólo está aprendiendo, sino compitiendo abiertamente. Para 2025/26, la producción china de uva de mesa se proyecta en 15 millones de toneladas, y sus exportaciones en 770 mil, con lo que China igualaría a Perú como primer exportador mundial, después de ya haber superado a Chile la temporada anterior. Al igual que en el caso del arándano y la ciruela Xin Mei, un factor clave del desarrollo de la uva de mesa han sido las mejoras en tecnologías de producción y postcosecha subvencionadas por el gobierno chino, que permiten extender la ventana de abastecimiento doméstico y llegar a los mercados internacionales con la calidad requerida. La introducción de variedades más dulces, grandes, firmes y sin semilla ha enriquecido el portafolio chino, lo que se ha potenciado con la apertura a variedades licenciadas internacionales.
El caso de la nuez de nogal es parecido al de la uva de mesa, en cuanto es un producto que China siempre ha producido, pero que en la última década se transformó en uno emblemático de exportación. Al igual que en el caso del arándano y la uva de mesa, China no convirtió la nuez en una industria exportadora con una sola política, sino con una secuencia de ellas que fueron cambiando la industria por capas. Primero expandieron la base productiva, después elevaron calidad y estandarización, luego construyeron infraestructura de procesamiento y logística, y finalmente empujaron la salida comercial al exterior.
La gran expansión productiva de la nuez china vino como parte de una campaña nacional de alivio de la pobreza lanzada hace más de una década, en la que gobiernos de distintos niveles incentivaron a agricultores de zonas menos desarrolladas a plantar nogal para generar ingresos. Esa política hizo despegar la producción hasta llevarla a un escenario de sobreoferta en la temporada 2017/18, cuando se produjo la primera gran exportación china de nueces de nogal (43.500 toneladas). El contraste del producto chino con el que el mercado internacional habitualmente consumía (básicamente variedades californianas), fue lo que incentivó el plan de mejora de la nuez del año 2020 de los ministerios de Agricultura y Finanzas, el que básicamente promovía el “pasar de cantidad a calidad” para ser un proveedor internacional viable. Las variedades Wen185 y Xinxin2 aparecieron entonces como la respuesta de la política pública a un problema estructural de sobreoferta de nuez heterogénea, oscura, de bajo rendimiento y por ende poco apta para la exportación, entregándole al mercado un producto aceptable como sustituto del estándar californiano subyacente.
El desarrollo del plan de mejora de la nuez china fue generando alzas radicales en sus exportaciones. En la temporada 2020/21 China ya superaba a Chile como el segundo mayor exportador de nueces en el mundo, con cerca de 200 mil toneladas en base cáscara, y en la temporada 2024/25 esa cifra se incrementó a casi 550 mil toneladas, muy cerca del volumen que California exporta actualmente. Es un tema de tiempo para que China se convierta en el primer exportador de nueces de nogal del mundo.
Lo que China ha hecho en la agricultura no es un caso aislado de sus políticas públicas, sino una expresión más de un método nacional largamente ensayado. Lo hizo en los teléfonos móviles, donde pasó de ensamblar para otros a ver cómo sus propias marcas despachaban juntas más del 50% de los smartphones del mundo; lo hizo en los autos eléctricos, donde ya produce más del 70% del volumen global; y lo hizo en la energía solar, donde concentra más del 80% de los equipos y componentes que se usan en la generación fotovoltaica del planeta. No se trata de admirar ni de reprochar el libreto, sino de entenderlo: China deja entrar al referente, aprende de él con disciplina y paciencia, le arrebata escala, y finalmente se transforma en un generador de conocimientos de vanguardia. De alumno a maestro.
Si definimos a un buen alumno como aquel que elige lo que quiere aprender, busca las mejores fuentes de conocimiento y la mejor forma de acceder a él, invierte tiempo y recursos en hacerse del conocimiento, y luego es capaz de aplicarlo para agregar valor y mejorar su vida, entonces China es el mejor alumno. Lo que hay que entender, sopesar e incluir como variable de planificación futura, es qué significa que China supere al maestro en las agroindustrias donde Latinoamérica participa, puesto que la evidencia indica que una vez que ello ocurre, se vuelve un competidor feroz, sin fronteras ni miramientos.

