“Queremos construir una plataforma tecnológica global»
FRANCISCO DEL SANTE

“Queremos construir una plataforma tecnológica global»

Tras casi dos décadas desarrollando soluciones sustentables para el agro, el fundador de Agrum y Delsantek prepara un nuevo salto empresarial: integrar sus distintas líneas de negocio en un holding tecnológico con vocación internacional. Su apuesta es convertir la protección climática, la energía solar, la gestión hídrica y el reciclaje en una sola plataforma para la fruticultura de exportación.


Francisco Del Sante lleva años observando una tensión que hoy parece cada vez más difícil de ignorar. La fruticultura dispone de más tecnología, mejores variedades, mayor conocimiento agronómico y mercados más sofisticados que nunca. Sin embargo, producir fruta de exportación se ha vuelto también una actividad crecientemente vulnerable.

Una lluvia fuera de temporada puede comprometer una cosecha. Una helada puede destruir meses de trabajo en pocas horas. El agua es más escasa —y a veces excesiva—, la energía más cara y los mercados demandan fruta de calidad superior dentro de ventanas comerciales altamente competitivas. Para Del Sante, fundador de Agrum y Grupo Delsantek, esa combinación obliga a revisar la forma en que se concibe la inversión agrícola.

“Ya no es posible prescindir de herramientas que reduzcan esos riesgos. Sin tecnología la agricultura, sencillamente, no tiene futuro”, sostiene.

Su respuesta empresarial a ese escenario está entrando ahora en una nueva etapa.

Después de cerca de dos décadas implementando soluciones para el agro, Del Sante trabaja en la creación de una plataforma capaz de reunir bajo una misma estructura las distintas áreas que ha ido construyendo durante su carrera: protección climática de cultivos, energía fotovoltaica, captación y almacenamiento de agua lluvia, y reciclaje de polímeros.

Aplicando el modelo one-stop shop, el objetivo es configurar un holding que permita ofrecer estos servicios de manera integrada y escalar el modelo hacia distintos mercados. “Todos nuestros servicios están concebidos como parte de un mismo ciclo sustentable”, explica.

El plan contempla la internacionalización como un paso insoslayable. Del Sante menciona México, Perú, Ecuador, Colombia, Chile y Brasil como objetivos prioritarios en América Latina, además de otros mercados estratégicos, como España e Inglaterra.

Aunque estas tecnologías tienen aplicaciones en rubros tan diversos como lechería, horticultura, ganadería, vitivinicultura o incluso salmonicultura, es en la fruticultura de exportación donde su propuesta adquiere una dimensión especialmente relevante.

Una hectárea de cerezas, arándanos, uva de mesa, kiwis o ciruelas no representa únicamente un cultivo. Contiene inversiones en genética, infraestructura, manejo, mano de obra y años de desarrollo antes de alcanzar su plena producción. Proteger ese capital frente al clima se ha convertido, sostiene Del Sante, en parte de la ecuación económica.

Lo comprendió tempranamente trabajando con sistemas de ambiente controlado. Recuerda especialmente un episodio ocurrido en Curicó en 2016.

“Cayeron más de cien milímetros en un solo día. Fue una lluvia torrencial y hubo mucho daño en la zona. Pero nuestros clientes comenzaron a llamarme para darme las gracias. Me decían: ‘La fruta estuvo tan bien protegida que logramos cosechar más del 90%’. Esas experiencias te muestran cuánto puede cambiar la ecuación cuando reduces el riesgo”.

Durante 18 años ha trabajado con sistemas de cobertura basados en plasticultura técnica y tecnologías de origen europeo, destinadas a proteger cultivos de lluvias, granizos, heladas o exceso de radiación y, en determinados casos, modificar el microclima para adelantar o retrasar cosechas.

Del Sante utiliza un concepto para sintetizarlo: estabilidad productiva.

“Buscamos generar un ambiente donde los factores externos adversos tengan el menor impacto posible sobre el cultivo. La agricultura siempre tendrá riesgo, pero la tecnología permite reducirlo de manera importante”.

Implementar un sistema de ambiente controlado puede situarse en torno a los 34.000 o 35.000 euros por hectárea. Del Sante reconoce que se trata de una inversión significativa, particularmente para agricultores medianos o pequeños. No obstante, dice, se debe hacer un análisis más fino. “Cuando se consideran el ahorro de recursos, la disminución del riesgo de perder una cosecha y la posibilidad de obtener fruta de mejor calidad, la percepción cambia. Estas tecnologías no deberían analizarse como un gasto, sino como una inversión en productividad y permanencia del negocio”.

La compañía estudia por ello alternativas de financiamiento destinadas a ampliar el acceso a estas soluciones. Del Sante habla de “democratizar” tecnologías que todavía presentan una barrera de entrada relevante y sostiene que el interés ya no proviene únicamente de productores agrícolas.

“Estamos recibiendo consultas de fondos de inversión y family offices interesados en conocer nuestros servicios y explorar oportunidades”.

La energía constituye otro gran componente de la plataforma. Agrum diseña e instala plantas fotovoltaicas on grid y off grid destinadas, entre otras aplicaciones, a alimentar sistemas de riego tecnificado y operaciones de packing.

Francisco sostiene que la caída en los períodos de retorno de estos proyectos ha incrementado significativamente su atractivo económico. Según sus estimaciones, algunos proyectos solares pueden actualmente amortizarse en alrededor de tres años, frente a períodos considerablemente mayores en el pasado.

Pero su visión va más allá de reemplazar electricidad convencional por paneles solares.

“Mañana el tractor va a ser eléctrico. Si queremos descarbonizar realmente la agricultura necesitamos instalar más generación solar dentro de los campos”.

En esa dirección, uno de los desarrollos que observa con mayor interés es la agrovoltaica: utilizar simultáneamente un terreno para producción agrícola y generación de energía mediante paneles elevados.

La fórmula permite abrir incluso una nueva dimensión de negocio para el productor. Del Sante la resume con una frase: “Cosechar fruta y, al mismo tiempo, cosechar energía”.

En este contexto, Del Sante destaca el lugar que Chile ha construido como plataforma de desarrollo y adopción tecnológica para la agricultura regional. A su juicio, esa experiencia acumulada no solo le ha permitido al país mantenerse a la vanguardia en distintos ámbitos de la producción, sino también generar conocimiento con potencial de exportación. “Hoy Chile es un referente absoluto en agrotecnología. Nuestro desafío es llevar ese conocimiento y esa experiencia a otros mercados”.

Experiencia y conocimiento que Francisco Del Sante ha puesto al servicio de un propósito claro. “Lo que nos mueve es ofrecerle tranquilidad al agricultor. Que pueda disfrutar de su actividad y que esta no signifique un sufrimiento permanente. Queremos decirle: Señor, usted duerma tranquilo; su fruta está protegida”.

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