¿Quién paga los costos del banano?
EL NUEVO RAYADO DE CANCHA

¿Quién paga los costos del banano?

Durante décadas, el banano fue el commodity “estable” de la exportación frutícola: volumen, precios ajustados, márgenes estrechos pero predecibles. Hoy, ese supuesto está siendo amenazado. Por primera vez en 50 años, el modelo está en tensión estructural. Nuevas reglas meten presión desde distintos flancos. ¿Estamos frente a un nuevo paradigma?


Por Claudia Carranza

El banano, un clásico de la industria, la fruta más exportada del mundo, durante más de medio siglo ha sido el milagro silencioso del comercio agrícola global. Abundante, uniforme, barato. Un commodity por excelencia, que en el último tiempo ha visto cambiar las reglas del juego a las que estaba habituado.

En el nuevo escenario global, el mercado del banano ya no se juega con las reglas de hace una década. A los desafíos tradicionales, como el cambio climático y una mano de obra cada vez más escasa, se han sumado otros nuevos: un riesgo sanitario que no perdona errores y una presión regulatoria que actúa como un VAR implacable sobre la trazabilidad. Ganar el partido hoy no depende solo de la productividad, sino de la capacidad del sector para adaptarse a un cambio de paradigma que ha modificado la cancha para siempre.

Como el principal exportador del mundo, América Latina no solo pone el balón en movimiento, sino que carga con la responsabilidad de abastecer los mercados más exigentes. Desde las costas del Caribe hasta el Pacífico sur, el continente es el corazón estratégico de una industria que hoy debe defender su liderazgo frente a las nuevas directrices. Al concentrar el mayor volumen global, la región es la que más siente el rigor de las regulaciones y las embestidas de las crisis fitosanitarias. Para el bloque latinoamericano, el cambio de paradigma no es una teoría académica, es una batalla en tiempo real por mantener el título de mayor proveedor del planeta.

En este contexto, surge una pregunta ineludible: ¿quién paga el costo del nuevo banano?

EL COMMODITY QUE SE VOLVIÓ FRÁGIL

El banano está siendo, paradójicamente, víctima de su propio éxito. La hegemonía de una sola variedad —primero Gros Michel y luego Cavendish— permitió eficiencia, estandarización y precios bajos. También creó una dependencia extrema. En términos biológicos, el sistema se volvió frágil. En términos económicos, rígido. Y hoy, ve limitado su juego de piernas ante la amenaza del Fusarium.

Pero el hongo R4T no es la única explicación a la fragilidad del cultivo. Al riesgo sanitario se suma otro, menos visible pero igual de determinante: el regulatorio. Europa —principal destino del banano latinoamericano— cambió las normas. Y esta vez no hay espacio para la negociación informal ni para la adaptación cosmética.

Debida diligencia, trazabilidad laboral, huella ambiental, uso de agroquímicos, cumplimiento social. Cada nueva exigencia suma costos administrativos y operativos, directos e indirectos. Certificaciones, auditorías, reportes, inversiones en infraestructura. Todo ello ocurre sin una traducción automática en el precio final.

Desde la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE), confirman que aunque el sector mantiene bases sólidas —productividad, experiencia exportadora y calidad de fruta— hoy enfrenta un entorno mucho más exigente. “La logística, la seguridad, la evolución de precios y contratos, junto con la necesidad de diferenciarse y cumplir estándares de sostenibilidad, son factores clave que condicionan su competitividad y proyección hacia 2026. Este cambio se acentúa con la amenaza del Fusarium R4T, que ha obligado al sector a priorizar la innovación, la ciencia y la tecnología, impulsando el desarrollo de nuevas variedades, el fortalecimiento de la bioseguridad y una gestión más rigurosa del riesgo fitosanitario”, señala José Antonio Hidalgo, director ejecutivo de AEBE.

El representante del mayor exportador del globo, destaca además los desafíos vinculados al impacto del narcotráfico transnacional en la cadena bananera, lo que ha llevado al gremio a involucrarse activamente en la prevención y en la promoción de inversiones en seguridad logística.

La amenaza narco es particularmente apremiante en Colombia, segundo exportador de la región. Este país exporta cerca de 2,4 millones de toneladas de banano al año, lo que equivale a unos 100.000 contenedores. Cada uno de esos contenedores representa un riesgo potencial de contaminación con drogas, por lo que los productores han invertido más de US$10 millones anuales en sistemas de seguridad en fincas y puertos. El sector ha fortalecido circuitos cerrados de televisión, sistemas biométricos y controles logísticos, además de mejoras en los puertos de Santa Marta y Urabá.

“El reto está en que estas exigencias e inversiones vengan acompañadas de una corresponsabilidad real de toda la cadena de valor, particularmente de los mercados compradores”, precisa Marcial Chaverri, CEO de la Corporación Bananera Nacional de Costa Rica (CORBANA), tercer exportador de la región, tras Ecuador y Colombia. “El actual escenario comercial es muy desafiante: los productores enfrentan crecientes exigencias sociales, ambientales y sanitarias, mientras que los precios pagados por los compradores no siempre reflejan esos costos adicionales, lo que compromete la sostenibilidad económica del sector”.

Las nuevas regulaciones laborales y ambientales tienen un impacto directo en la competitividad de la industria bananera, ya que elevan los estándares de cumplimiento en temas como certificaciones, límites máximos de residuos y condiciones laborales, incluyendo parámetros asociados al salario digno, agrega José Antonio Hidalgo. “Estos requerimientos implican mayores costos operativos y de gestión para los productores y exportadores, pero, al mismo tiempo, fortalecen la reputación y el acceso del banano ecuatoriano a los mercados internacionales más exigentes. En el ámbito laboral, el sector ha realizado avances significativos. En 2025, el salario del sector bananero ecuatoriano se ubicó en US$ 587,50 para trabajadores con más de un año y en US$ 548,33 para quienes tienen menos de un año, cifras que superan el salario de referencia establecido por la Global Living Wage Coalition, que fija un mínimo de US$ 503 para el mismo año”, detalla.

Y es que ya no se trata solo de producir más, sino de sostener la producción bajo mayor presión y riesgo.

Perú es otro de los players importantes de la región, cuya producción principalmente orgánica se ha posicionado con éxito en mercados como Países Bajos, Estados Unidos, Italia, Francia, Bélgica. Para César Morocho, gerente general de Frutas de Piura, en este cambio de era es clave que se adopten nuevas filosofías o culturas respecto a las exigencias internacionales. “Quienes exportamos sabemos que hay que producir lo que el mercado quiere. Hoy, es difícil que el mercado acepte un banano sin una certificación. Perú tiene un 95% de certificación orgánica en el banano Cavendish de exportación. Con todas las regulaciones que existen, tanto a nivel de la ONU, de la UE, el Pacto Verde, todos los productores están bajo una exigencia constante”, precisa.

Para los pequeños productores, el desafío parece aún mayor. Como lo explica Morocho, en Perú el banano es un cultivo social, ya que su producción se distribuye entre al menos un 90% de pequeños productores, que cultivan en pozas que suman menos de una hectárea. La mayor cantidad de ese banano orgánico Cavendish de exportación se ubica en Piura, Tumbes y Lambayeque. “Esta distribución de la zona productiva de bananos, implica grandes retos para tener una trazabilidad acorde, para cumplir con las exigencias de la UE, para una georreferenciación. Hay situaciones y requerimientos que le hacen pasar muchos apuros a la producción peruana. La gente se va a adaptar, el banano significa también una cultura de vida para muchas familias”.

¿QUIÉN PAGA EL NUEVO BANANO?

Producir cuesta más, exportar cuesta más, cumplir cuesta más. Pero el precio en góndola sigue anclado a la idea del banano como fruta barata. El sistema absorbe la presión… hasta que deje de hacerlo.

Cómo esta alza sostenida se hará sentir sobre el viejo paradigma de precios, es una de las preguntas estructurales que hoy desvelan a la industria. “Los costos de producción han aumentado de forma sostenida, mientras que los precios internacionales del banano se han mantenido prácticamente estables durante años. Este desbalance, sumado a las afectaciones productivas asociadas al cambio climático, demuestra que el viejo paradigma de precios ya no es sostenible bajo las condiciones actuales”, explica Marcial Chaverri, de CORBANA.

 

“No necesitamos filantropía. Necesitamos reconocimiento a nuestros esfuerzos y eso se traduce en un precio digno que refleje los verdaderos costos de producción” — EMERSON AGUIRRE, AUGURA / COLOMBIA

Para José Antonio Hidalgo, el negocio, de alguna manera, se ha vuelto insostenible. “El modelo de banano barato y estable ya no refleja la realidad. Los costos de mano de obra, fitosanidad y logística han subido de forma estructural y eso obliga a revisar precios. Hoy el ajuste se está dando más por valor que por volumen: vender lo mismo ya no alcanza si el precio no acompaña”.

Eso tiene consecuencias. Mientras otros productos trasladaron parte de sus mayores costos al consumidor, el banano quedó atrapado en una narrativa que ya no resiste la realidad productiva. El margen se comprimió aguas arriba. El riesgo se concentró en origen.

En ningún punto de la cadena esta tensión es tan evidente como en la relación con el retail. El banano se transformó en un producto estratégico para el supermercado: un imán de tráfico, un producto bandera, disponible siempre en góndola. Amarillo, brillante, accesible.

La pregunta recorre la industria, aunque rara vez se formule de manera directa. ¿Quién absorberá el costo del banano del futuro? ¿El productor, con menor rentabilidad y mayor riesgo? ¿El exportador, con márgenes cada vez más estrechos? ¿O el consumidor, que deberá aceptar que la fruta más popular del mundo ya no estará al alcance de todos?

El productor lo asume primero, porque debe invertir para cumplir y proteger su finca, responde José Antonio Hidalgo. “El consumidor lo paga después, vía precios. El gran desafío es que el costo se reparta de forma más equilibrada dentro de la cadena y no recaiga solo en el origen”, precisa. Históricamente, en la industria agrícola es el productor quien asume la mayor parte de los costos y recibe el menor beneficio económico, agrega Chaverri. “Cambiar esta realidad es una responsabilidad de toda la cadena de valor. El desafío es avanzar hacia un modelo más justo y equilibrado, donde los costos de producir de manera responsable no recaigan exclusivamente sobre el productor”, coincide.

Si se incrementa el costo de producción, tengo que comunicarlo al mercado, añade César Morocho. “El mercado es el dueño del precio. Quien debería asumirlo es el consumidor, pero nosotros como productores deberíamos tender a ser mucho más eficientes, de manera de tener ahorros en costos, ser mucho más productivos. Por otro lado, la cadena es muy grande, hasta llegar a los retailers que venden la fruta. Pero yo también soy consumidor, y si veo un banano que vale un dólar y una naranja que vale 20 centavos, compro la naranja. Al ser una fruta que es muy importante en la mesa familiar del mundo, hay que cuidarlo, porque además es el sostén de muchas pequeñas familias”, señala.

La discusión sobre el precio del banano dejó de ser un asunto periférico: hoy está en la centralidad del debate agroalimentario y se ha instalado con fuerza en los principales foros y eventos de la industria.

Por ejemplo, en la última edición de Fruit Logistica, en Berlín, el sector bananero colombiano le habló fuerte y claro al retail en el marco del Banana Secure Value Forum: “No podemos hablar de sostenibilidad si no visibilizamos los costos reales que asume el productor para ofrecer calidad, condiciones laborales dignas, cumplir compromisos medioambientales y sociales y asumir costos de seguridad”, declaró en la instancia Emerson Aguirre, presidente de la Asociación de Bananeros de Colombia (AUGURA). “No necesitamos filantropía. Necesitamos reconocimiento a nuestros esfuerzos y eso se traduce en un precio digno que refleje los verdaderos costos de producción y el aporte social del banano, que es un motor de paz y desarrollo regional”.

Poniendo los números sobre la mesa, surge otra interrogante: ¿está la industria preparada para vender menos volumen, a mayor precio, con mayor trazabilidad y menor margen de error? Algunos sí, otros no. Hay empresas que ya operan con alta trazabilidad y control, pero todavía hay una parte que depende del volumen y de márgenes muy ajustados. El mercado, sin embargo, ya está avanzando más rápido que muchos productores.

Si bien no es posible anticipar las decisiones comerciales de los supermercados, Marcial Chaverri plantea que es necesario avanzar hacia ajustes de precio que reflejen el verdadero costo de producir banano de forma responsable, segura y sostenible. “La bioseguridad beneficia a toda la cadena de valor y, por tanto, debe asumirse bajo un principio de responsabilidad compartida”.

El sector ha insistido en que la fijación de precios se base en los parámetros del comercio justo, cuya metodología ha sido ampliamente validada a nivel internacional. Este enfoque reconoce los costos reales de producción, incluyendo las inversiones necesarias en sostenibilidad, bioseguridad y cumplimiento de estándares laborales y ambientales. “Algunos supermercados europeos ya han comenzado a adoptar esta metodología de precio justo, reconociendo la importancia de la responsabilidad compartida a lo largo de la cadena de valor. Se espera que otros minoristas se sumen progresivamente a este enfoque. Cadenas como ALDI Süd y Sainsbury’s han mostrado apertura al reconocimiento de estos esfuerzos, lo que marca un precedente positivo para avanzar hacia una distribución más equitativa de los costos asociados a la producción sostenible”, explica José Antonio Hidalgo.

 

“Es posible que en el mediano plazo se presenten cambios tanto en la disponibilidad como en el precio del banano” — MARCIAL CHAVERRI, CORBANA / COSTA RICA

Así las cosas, el banano enfrenta una paradoja incómoda: es demasiado importante para fallar, pero demasiado barato para cambiar. ¿Y esto pone en riesgo su etiqueta de fruta “accesible” con que lo conocemos, considerando tanto su precio como su disponibilidad? Los principales productores no ponen en duda que esta fruta mantendrá su protagonismo, pero no en las mismas condiciones.

Para el director ejecutivo de AEBE, lo hará, pero con matices. “El banano seguirá siendo un producto accesible, pero no siempre al mismo precio ni con la misma disponibilidad. En algunos mercados el consumo será resiliente; en otros, más sensible a la inflación. Habrá mayor segmentación entre mercados y calidades”, sostiene Hidalgo.

“Van a ser años duros, de adaptación, de mucho riesgo. Rendirse no es la opción, sino que luchar más fuerte” — CÉSAR MOROCHO, FRUTAS DE PIURA / PERÚ

A lo que Marcial Chaverri añade: “Bajo las circunstancias actuales, el modelo deberá ajustarse. Si no se desarrollan variedades alternativas resistentes al cambio climático y a las plagas, y si no se logra una mejora en los precios pagados por los compradores, es posible que en el mediano plazo se presenten cambios tanto en la disponibilidad como en el precio del producto”.

UN NEGOCIO MÁS ESTRATÉGICO

El pitazo final aún no está cerca, pero el terreno de juego ha cambiado. Y se ha puesto cuesta arriba. El sector bananero ya no compite en la liga de la abundancia predecible, sino en el torneo de la precisión y la resistencia. Con el R4T presionando en el área y el clima alterando el calendario, la industria se ve obligada a abandonar su estrategia habitual. El banano, ese clásico que alimentó al mundo durante el siglo XX, hoy se juega su permanencia en la división de élite. El éxito en este nuevo paradigma no vendrá de la fuerza bruta del monocultivo, sino de la inteligencia táctica para integrar tecnología, ética y bioseguridad. El balón está rodando y, en esta final contra la incertidumbre, solo aquellos que entiendan que las reglas cambiaron para siempre podrán evitar el descenso.

Para Latinoamérica, el futuro pasa por proteger el sistema productivo, cumplir estándares y capturar valor. Quien no gestione bien esos tres frentes queda fuera” — JOSÉ ANTONIO HIDALGO, AEBE / ECUADOR

Si hablamos de perspectivas, para César Morocho “van a ser años duros, de adaptación, de mucho riesgo, por todo lo que se está viviendo. Será clave que se dé una convergencia entre la academia, el estado y el sector privado. Habrá muchos retos, desafíos, que no son obstáculos. Rendirse no es la opción, sino que luchar más fuerte”.

Desde Costa Rica, Marcial Chaverri plantea que “el futuro del banano presenta importantes retos, pero también oportunidades. La incorporación de tecnología, la innovación, la investigación y el diálogo entre todos los actores de la cadena serán fundamentales. Espacios de intercambio como el Congreso Internacional del Banano 2026 son clave para discutir estos desafíos de manera conjunta y construir soluciones que aseguren la sostenibilidad del sector a nivel global y regional”.

José Antonio Hidalgo mira el negocio con una mezcla de convicción y realismo. Está seguro de que el banano seguirá ocupando un lugar central en el consumo mundial, pero sabe que el tablero competitivo cambió para siempre. “Para Latinoamérica, el futuro no pasa por exportar más cajas, sino por proteger el sistema productivo, cumplir estándares y capturar valor. El crecimiento será más moderado, pero más exigente. Hoy, el negocio bananero es menos agrícola y más estratégico: quien no gestione bien esos tres frentes queda fuera del mercado”.

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