El primer año bajo Milei
ARGENTINA

El primer año bajo Milei

A pesar del giro promercado del país, la fruticultura argentina avanza con más cautela que vértigo. El sector crece a paso lento, aún frenado por altos costos, trabas logísticas, un rígido esquema laboral y la escasa inversión privada.


Por Betina Ernst, Ing. Agr. – Top Info Marketing

Luego de 20 años de populismo que finalizó con una inflación del 240% anual, derrumbe económico y creciente pobreza, la población decidió dar un fin a ese ciclo. A fines de 2023 los argentinos eligieron al ultraliberal Javier Milei como nuevo presidente. De esta forma finalizó una política centrada en el país, enfocada en lo social, siendo el Estado el gran proveedor y protector, con poca apertura internacional y una producción local protegida. Los gastos del Estado eran enormes y se financiaban con una alta carga impositiva sobre el sector productivo, préstamos e inflación.

Milei hizo un vuelco de 180º en la forma de llevar adelante la política y la economía. En el primer año del nuevo gobierno se realizaron enormes recortes del gasto público, se eliminaron trabas burocráticas y se enfrentó la corrupción. Gracias a esto se redujo la deuda pública y se frenó la inflación. En política monetaria se fortaleció el peso y se eliminó el cepo cambiario, desapareciendo los múltiples cambios monetarios que existían. Pero estas modificaciones no fueron gratis, la sociedad tuvo que hacer grandes sacrificios, desplomándose el poder adquisitivo y reduciéndose los empleos estatales.

Para el sector productivo el nuevo sistema significó cambiar radicalmente el enfoque del negocio. Luego de años de hiperinflación, negocios financieros, especulaciones, la economía está en vías de normalizarse. Esto significa que se puede planificar, programar, ajustar las cuentas, sacar créditos e invertir. Esto no era posible bajo el sistema político cortoplacista anterior.

Sin embargo, los beneficios del nuevo sistema aún no han llegado en la medida deseada. Hay todavía un largo camino por delante. En el corto plazo, preocupa el peso revalorizado y los elevados costos. Uno de los puntos que más está saliendo a la luz, es la enorme carga impositiva que están soportando los sectores productivos (35-50% de los costos). También faltan las reformas en la legislación laboral, teniendo Argentina aportes patronales superiores a los de otros países (50%). Para la fruticultura estos dos puntos son fundamentales para volver a ganar competitividad.

Otro punto relevante es fomentar y facilitar al comercio exterior. Obviamente en esta búsqueda, juegan en contra los cambios en política exterior llevados a cabo por el gobierno de Trump en los EEUU. Pero Argentina tiene una menor dependencia con la potencia del norte que sus vecinos. En el caso de las exportaciones frutícolas, solo el 20% se dirige a los EEUU. La mayor dependencia se da en el limón (55% de las exportaciones), en las cerezas (30-35%) y en los arándanos (40%). Pero en las restantes frutas la participación de Norteamérica es muy baja.

El año 2025 se inició con cierta esperanza de poder recuperar parcialmente a las exportaciones, gracias a que el país volvió a tener una economía normalizada. Pero el avance es lento frente a los obstáculos que aún frenan el pleno desarrollo del comercio: elevados costos, el complejo sistema laboral, dificultades logísticas, falta de inversiones. En lo que respecta a las exportaciones de manzanas y peras, los cinco primeros meses del año muestran una leve recuperación. De peras se exportaron 210.000 tons, esto es un 3-5% más que en 2024 y 2023. El plus se debe a mayores envíos a los EEUU, Brasil y otros países latinoamericanos. Por su parte, los envíos a Europa se ubicaron entremedio de los dos últimos años y los a Rusia por debajo.

Problemas productivos y climáticos afectaron tanto la cantidad, como calidad de las peras, en especial de la Williams. Esto llevó a una menor exportación de esta variedad y un mayor envío al mercado local y la industria. En la segunda parte de la campaña, adquirieron mayor importancia variedades como Packhams y D’Anjou, de las cuales se espera ubicar crecientes volúmenes en Brasil y otros países latinoamericanos. Esta región pasó a ser el principal destino de las peras argentinas, absorbiendo en 2024 el 56% de las exportaciones.

De manzanas, se exportaron hasta fines de mayo 36.000 tons, +18% que en 2024 y +23% que 2023. Todos los destinos recibieron más, registrándose los mayores incrementos en los envíos a Brasil, Europa y Rusia.

El avance es lento frente a los obstáculos que aún frenan el pleno desarrollo del comercio: elevados costos, el complejo sistema laboral, dificultades logísticas, falta de inversiones.

Se espera que la campaña continúe desarrollándose positivamente, volcándose en la segunda mitad del año a Latinoamérica. También en este caso esta región es el principal destino: en 2024 recibió más del 80% de los envíos.

El limón es la segunda fruta exportada por Argentina, pero en los últimos años la sobreoferta mundial llevó a una fuerte crisis, complicando la situación para el limón de Tucumán. En 2024 la exportación cayó al volumen más bajo de la última década. Pero este año las perspectivas han mejorado ante una reducción de la oferta mundial, en especial ante la merma en España, volviendo el interés por el limón argentino.

A pesar de que la campaña se inició con algunas complicaciones por lluvias, se logró embarcar más que en 2024 y 2023. En abril-mayo se embarcaron 80.000 tons, esto es +20% que 2024 y +4% que 2023.

También en las mandarinas se observa un leve aumento de las exportaciones, a pesar de que la campaña se inició con complicaciones climáticas (tormentas, granizos). Hasta fines de mayo se embarcaron 4.300 tons; +13-15% que en 2024 y 2023.

De naranjas se exportaron 22.000 tons, el doble a triple que en los años previos. Esto se debe a los mayores envíos que se realizaron a los países vecinos. Los envíos a ultramar tienen poca incidencia en caso de las naranjas.

Otra fruta que muestra un fuerte crecimiento de las exportaciones son las cerezas. Aunque comparado con Chile, se trata de volúmenes muy pequeños, la tendencia es muy positiva. De las 5.000 tons exportadas hace cinco años, se pasó en la campaña 2024/25 a 8.000 tons. Si las condiciones climáticas son favorables, se espera poder incrementar nuevamente este volumen.

Menos suerte tiene el arándano, el cual no puede competir con los de otros países latinoamericanos. Esto llevó a una reducción de sus exportaciones y un fuerte vuelco hacia lo orgánico. En el corto plazo las exportaciones se mantendrán en los actuales niveles, de 5.000-6.000 tons.

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