Lecciones de cara al futuro
UNA INDUSTRIA 2.0

Lecciones de cara al futuro

En el evento organizado por San Jorge Packaging se revisó, con mirada crítica, el momento decisivo que enfrenta la cereza chilena, en una transición donde el volumen cede protagonismo frente a la calidad y la ejecución.


La toma de decisiones en la industria exige información de calidad. Bajo esa premisa, San Jorge Packaging reunió a actores relevantes del sector en el encuentro “Juntos trabajando por una industria 2.0”, instancia que convocó a productores, exportadores y especialistas para revisar el desempeño reciente y proyectar los desafíos del negocio.

Entre las exposiciones, destacó la de Francisca Barros, ingeniera agrónoma y gerente técnico de I+D+i de Trio Kimün, quien presentó un análisis detallado del comportamiento de la cereza chilena en el mercado de Guangzhou durante la última temporada.

Barros señaló que uno de los factores que marcó la temporada fue el adelantamiento de los envíos, impulsado por nuevas variedades y tecnologías productivas. Una estrategia orientada a capturar mejores precios, pero que terminó tensionando la logística y superando la capacidad de absorción del mercado chino.

A ello se sumó la decisión de fraccionar la oferta por parte de algunos importadores, medida que, lejos de dinamizar la demanda, terminó afectando la condición de la fruta.

Lo observado en Guangzhou —advirtió— no es un episodio aislado, sino la expresión de un cambio estructural: “El mercado chino ha evolucionado. El consumidor es más exigente, tiene más alternativas y ya no tolera inconsistencias en la calidad. A esto se suma una sobreoferta que excede su capacidad de absorción, obligando a competir no solo en precio, sino también en calidad y experiencia de consumo”.

En este contexto, la especialista subrayó la necesidad de reforzar cada eslabón de la cadena: desde una cosecha en el punto óptimo, pasando por procesos rigurosos de limpieza y sanitización en packing, hasta condiciones logísticas capaces de preservar la calidad de origen. “El mercado actual no perdona errores”, enfatizó.

A su juicio, los desafíos son inmediatos: mejorar la consistencia del producto, recuperar el atributo del sabor y avanzar en una diversificación real de mercados que reduzca la dependencia de China.

“El éxito de la cereza chilena ya no se define solo por volumen exportado, sino por la capacidad de sostener una experiencia de calidad desde el huerto hasta el consumidor final”, sostuvo. “En un mercado cada vez más competitivo, la excelencia ya no es una ventaja, sino una condición mínima para mantenerse vigente”.

UNA SECUENCIA DE DECISIONES EQUIVOCADAS

La intervención de René Wünkhaus, gerente comercial y socio de Exportadora San Andrés, le puso cifras y causalidad al desempeño de la temporada. Según su análisis, la industria perdió US$376 millones como resultado de errores estratégicos compartidos entre exportadores, importadores y productores. “Lo ocurrido responde a una secuencia lógica de decisiones equivocadas. El mercado no falló; corrigió una distorsión”, indicó.

Para Wünkhaus, la caída de precios estuvo fuertemente influida por una intervención artificial por parte de algunos importadores. “Entre finales de diciembre y comienzos de enero, los precios subieron de forma injustificada, pasando de 180-190 yuanes a más de 220, sin cambios en la calidad ni en la demanda”, explicó.

Ese aumento desacoplado del mercado ralentizó la rotación. “Se vendía menos mientras la fruta seguía acumulándose”, señaló.

La consecuencia fue predecible: deterioro de la condición y liquidaciones forzadas. “En algunos casos, las cajas se vendieron por debajo de los 100 yuanes, e incluso cerca de 50, muy lejos de los niveles esperados”.

Uno de los errores más críticos —añadió— fue asumir que era posible sostener precios elevados sin afectar la velocidad de venta. “En frutas, la rotación es determinante. No es un televisor que se puede almacenar: cada día pierde valor”.

El análisis también apuntó a la calidad de la oferta exportada. Wünkhaus cuestionó los niveles de tolerancia a defectos que aún persisten en la industria, debilitando su posición frente a categorías competidoras como arándanos o kiwis, cuyos estándares son considerablemente más exigentes. “Estamos enviando fruta con errores dentro de la caja, mientras competimos con productos prácticamente perfectos”, advirtió.

En su diagnóstico, el desafío es claro: elevar la calidad y mejorar la coordinación entre los distintos actores del negocio. “No fue volatilidad ni mala suerte. Fue una corrección estructural. El mercado hizo exactamente lo que tenía que hacer”, concluyó.

UNA HERRAMIENTA ESTRATÉGICA

En la inauguración del evento Dieter Olivares, CEO de San Jorge Packaging, reafirmó el posicionamiento de la compañía como socio estratégico en un entorno cada vez más exigente. “Nuestro foco está en la calidad, la cercanía y la mejora continua, acompañando a nuestros clientes en la adopción de nuevas tecnologías de embalaje”, señaló.

En esa línea, destacó el lanzamiento de Cryztal Zero, innovación presentada en la temporada 2025-2026, como parte de una hoja de ruta iniciada en 2017 orientada a optimizar procesos y reducir impactos.

El desarrollo combina desempeño técnico y criterios de sostenibilidad, con un diseño enfocado en preservar las propiedades organolépticas de la fruta y minimizar la huella ambiental del envase: su implementación permite reducir en un 4,8% el impacto asociado a la producción y exportación de fruta fresca.

Más allá de sus atributos técnicos, el mensaje de SJP es claro: “El envase de atmósfera modificada no es un insumo más; es una herramienta estratégica que protege y potencia el valor del producto”, concluyó Olivares.

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