El problema no es la incertidumbre. Es la velocidad. El mercado no te pide permiso. El clima tampoco. Y los costos que llegan de un momento a otro, menos.
No podemos controlar los mercados, y muchos de los gastos que enfrentamos son impuestos a la fuerza. En la agricultura siempre hemos estado supeditados al clima y sus designios, no por nada existen figuras como Demeter o San Isidro.

Los ejecutivos tenemos la manía —y la responsabilidad— de hacer. De tomar el problema de frente y atacarlo. En lo coloquial lo digo así: nos gusta perillar. Incluso cuando las opciones de cambiar el resultado son limitadas. Pero este es el momento de mirar hacia adentro.
Si en una empresa las ventas son el conductor y finanzas la bencina, hay un área que muchas veces pasa desapercibida: operaciones, que es el motor.
Y cuando el combustible escasea y el camino se pone malo, lo que define si llegas —o no llegas— es la eficiencia del motor.
Este es el momento de las operaciones.
Un área tan amplia como diversa —con matices empresa a empresa— que puede ir desde la producción hasta que un contenedor es desaduanado en destino. Cientos de procesos, miles de horas de conocimiento condensadas en personas que raramente aparecen en la foto, pero que definen el resultado.
No es abstracto. En una temporada de cítricos, la diferencia entre un packing que trabaja con protocolos claros y una cosecha organizada, y uno que improvisa, se mide en rechazo en destino, en fruta que no viaja bien, en horas extra que nadie presupuestó, en materiales que faltan en el momento menos indicado. Esos costos no aparecen en el reporte comercial, aparecen en la última fila del retorno al productor o en el resultado final de la empresa.
Y es exactamente ahí donde hoy se hace la diferencia entre un año negativo y uno positivo. Donde se esconden costos de todo tipo, muchas veces protegidos bajo la nefasta frase “siempre se ha hecho así”. Palabras como “eficiencia” o “productividad” —casi tan manoseadas como “transparencia” o “IA”— suelen carecer de KPI reales que permitan medirlas de verdad.
Y sin embargo, en Chile, Perú y Colombia hay operaciones que están marcando diferencia ahora mismo. No porque el mercado les sea más favorable, sino porque cuando los márgenes empezaron a apretarse, ya tenían los procesos instalados, el equipo entrenado y los costos conocidos. Eso no se improvisa en una temporada mala.
La respuesta en este mundo de descontrol está en la casa. En el packing que es eficiente, que hace buen uso de la fruta, que responde a los problemas y no es parte de ellos. Que busca herramientas como la IA formas de facilitar e implementar soluciones que antes no estaban disponibles. Que entiende que el área comercial cambiará los pedidos constantemente y, más que frustrarse, se adapta. Donde la tarea deja de ser controlar la calidad y pasa a ser gestionarla.
Es el momento de los equipos, no de los grupos. Y ese equipo encuentra su contención en operaciones.
La pregunta no es si el entorno mejorará. Siempre habrá un próximo golpe. La única pregunta real es quién tiene la casa en orden.

