El envasado de productos frescos siempre ha sido un ejercicio de equilibrio. Hoy vive un proceso de transformación acelerado, enfrentando exigencias productivas, sanitarias y de sostenibilidad. Bajo la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), ahora este juego se ha vuelto un impacto directo a la rentabilidad.
En el Reino Unido, la Unión Europea y varios estados de EE.UU, los productores asumen los costos de la gestión de residuos de envases. Cada gramo adicional de peso y cada capa extra de complejidad pueden traducirse directamente en tarifas más altas y mayores riesgos de cumplimiento.
Para los exportadores de fruta fresca, especialmente en América Latina, esta evolución no es menor. Los principales mercados de destino están avanzando en normativas que buscan reducir residuos, aumentar la circularidad de los envases y asignar responsabilidades ambientales claras a productores y comercializadores.
En este nuevo escenario, las etiquetas para frutas y verduras han dejado de ser un elemento secundario, para convertirse en una pieza relevante dentro de la estrategia de cumplimiento normativo y eficiencia ambiental. Es precisamente en este punto donde la innovación tecnológica cobra sentido y actores especializados marcan la diferencia.
OPTIMIZAR AHORA O PAGAR DESPUÉS
A diferencia de muchas categorías de alimentos envasados, los productos frescos a menudo solo necesitan un empaque mínimo. En algunos casos, el envase puede proteger o prolongar la vida del producto, sin embargo, con frecuencia se sigue utilizando de forma generalizada solo para fines de imagen de marca (branding) y trazabilidad. La REP desafía este enfoque, al priorizar la prevención en lugar de considerar el reciclaje como única solución.
“Como resultado, las etiquetas de frutas están cobrando un nuevo protagonismo. Las etiquetas modernas contienen la marca, la trazabilidad, guías de eliminación y enlaces digitales (códigos QR o de barras). Un análisis comparativo muestra que las etiquetas pesan una fracción de gramo en comparación con otros tipos de envases. Esta diferencia es similar a realizar un envío en un sobre en lugar de en una gran caja: ambos pueden entregar la misma información y valor, pero el primero utiliza una mínima parte del material”, explica Duncan Jones, Senior Marketing Manager de Sinclair, líder mundial en tecnología de etiquetado para frutas y verduras.
Las etiquetas de fruta y los preempaques suelen cumplir la misma función —identificación e información—, pero la cantidad de material involucrado está en una escala totalmente distinta. “En un mundo regido por la REP, esa diferencia ya no es solo ambiental, también es comercial”, precisa el ejecutivo.

CONFLICTO DE OBJETIVOS
Las limitaciones de la infraestructura continúan frenando el progreso. Los sistemas de “semáforo”, como la Matriz de Evaluación de Reciclabilidad de Envases (RAM) del Reino Unido, que busca “clasificar” qué tan fácil es reciclar un envase en la vida real, aún están evolucionando, y los cambios rápidos suelen exponer puntos de tensión.
Por ejemplo, los envases de plástico flexible –como algunas bolsas de fruta– reciben actualmente una calificación RAM “roja” en la etapa de recolección, ya que aunque el material sea reciclable en teoría, la mayoría de los ayuntamientos en el Reino Unido aún no tienen la infraestructura para recogerlos casa por casa. Esto resalta el conflicto entre los objetivos de minimización y las limitaciones de la infraestructura en el mundo real. Como resultado, los expertos en políticas públicas argumentan cada vez más que se deberían incentivar los resultados, y no solo los tipos de materiales de forma aislada.
LIDERAZGO EN LA CATEGORÍA DE PRODUCTOS FRESCOS
Los productos frescos pueden convertirse en la categoría líder para un enfoque de packaging minimizado. El envasado puede implementarse sin comprometer la seguridad, la trazabilidad, la calidad, la conexión con el consumidor o la diferenciación del producto. Esto desafía a las autoridades a alinear sus intenciones con el impacto en el mundo real a medida que las normativas se diseñan o aplican.
La política de la REP debe seguir evolucionando, para apoyar de forma más decidida los resultados de envases reciclables o compostables. Las etiquetas de fruta compostables certificadas son una solución alternativa de envasado, pero no una respuesta definitiva dadas las complejidades actuales. “Al ser una opción de envasado práctica y consciente con el medio ambiente, se posiciona como una de las favoritas, ya que también complementa o puede adaptarse a otras necesidades como la imagen de marca, la interacción con el consumidor y la trazabilidad”, precisa Jones.
UNA EMPRESA PIONERA
Fundada hace más de cuatro décadas en Norwich, Inglaterra, Sinclair es reconocida por ser pionera en el desarrollo de etiquetas compostables y sistemas automatizados de alta velocidad para la industria de productos frescos. La compañía está presente en América Latina desde hace más de 30 años, con operaciones y socios comerciales en Chile, Brasil, Perú, Colombia, Argentina y Uruguay. Cuenta con producción local de etiquetas para abastecer Sudamérica, generadas en Chile, reduciendo tiempos logísticos y huella de transporte.
COMPOSTABLE Y BIODEGRADABLE: UNA DIFERENCIA CRÍTICA
Uno de los principales problemas que enfrenta hoy la industria es la confusión conceptual. “El objetivo no es solo promover una solución, sino apoyar la educación del mercado. Hoy existe mucha información errónea que genera confusión y dificulta la toma de decisiones correctas”, afirma Duncan Jones. Aunque suelen utilizarse como sinónimos, biodegradable y compostable no significan lo mismo:
• Un material biodegradable puede degradarse con el tiempo, sin control sobre condiciones ni residuos.
• El material compostable certificado se descompone bajo condiciones definidas, sin generar residuos tóxicos.
Comprender esta diferencia resulta clave tanto para el cumplimiento normativo como para la comunicación con retailers, autoridades y consumidores finales.

