China atrae. De eso no hay duda. Pero esa atracción, tantas veces irresistible, también ha demostrado ser peligrosa e incluso “fatal” para empresas que han terminado “engullidas” por el gigante rojo.
Funciona con la lógica del pez linterna: ese depredador de las profundidades que seduce a sus presas con una luz cálida e hipnotizante, solo para devorarlas cuando están lo suficientemente cerca y confiadas.
Para algunos, esa luz representa millones de posibles clientes; para otros, manufactura de calidad a bajo costo o materias primas abundantes y accesibles. Para nuestro negocio agrícola, en tanto, es el reflejo de una demanda de miles de millones de consumidores.
Sea cual sea el ángulo desde el que se observe, China jamás pasa desapercibida.

Y una vez que entras en su radio de atracción, te permite acercarte, observar, confiar… China es un cazador paciente. Sus tiempos no son los de Occidente. En vez de “engullirte” rápido, te deja hacer tu negocio y, con paciencia milenaria, aprende todo lo que necesita. Y cuando está lista… ¡zas!, te devora.
Su apetito es voraz y de paladar amplio: desde smartphones y automóviles (si no, pregúntenle a Elon sobre BYD), hasta frutas como uvas, manzanas y, por qué no, arándanos.
¿Cómo es posible que nadie lo vea venir?
Simple: llevan miles de años perfeccionando la técnica. Por eso “leer” a China es complejo, muy complejo. Es como tratar de observar a través de un vidrio esmerilado o un teatro de sombras. Uno ve figuras y cree que entiende la realidad, pero no necesariamente es así.
Toda esta introducción es solo para aclarar que lo que sigue no pretende ser “la verdad absoluta”, sino mi interpretación de lo que observo.
Vamos al lío…
EL SEÑUELO Y LA TRAMPA
El drama comenzó hace poco más de una década. China no era un consumidor histórico de arándanos, pero el ascenso de su clase media y la explosión de la conciencia saludable —impulsada por la seducción de la superfruta— lo cambiaron todo. El mercado se volvió ineludiblemente atractivo.
¿Quién fue el primero en ceder ante la luz del pez linterna?
Chile. En noviembre de 2011 se convirtió en el primer país del mundo en exportar arándanos frescos a China, un hito ampliamente celebrado por la industria, manteniendo su supremacía durante casi una década.
Luego vino Perú, que accede oficialmente en 2016, pero que solo toma la delantera en diciembre de 2020, con más de 3.900 toneladas. Desde entonces no ha parado de crecer, alcanzando su récord —hasta ahora— de más de 13.000 toneladas en diciembre de 2024.
Y aquí es donde el resplandor se convierte en trampa.
Gracias a sus tratados de libre comercio, Perú y Chile operan con 0% de arancel, mientras que competidores como Estados Unidos o Canadá pagan un 15%. Esta ventaja arancelaria fue el “señuelo de oro” que empujó a los exportadores del sur global a enfocarse obsesivamente en el volumen, asegurando un suministro masivo y de contraestación.
Hoy, entre Perú y Chile se llevan la mayor parte de la “torta” de importaciones chinas de arándanos. Concentrados en capturar ganancias de corto plazo, no vieron al Cazador paciente construir su propio arsenal.
EL TEATRO DE SOMBRAS: LA EXPLOSIÓN SILENCIOSA
Mientras el mundo celebraba las impresionantes cifras de exportación sudamericanas, China ejecutaba su estrategia de “teatro de sombras”.
El crecimiento de su producción doméstica —oculta tras el vidrio esmerilado de sus propias estadísticas— fue explosivo y planificado. En 2003, la superficie cultivada era de solo 51 hectáreas. Pero a partir de la década de 2010, el desarrollo se aceleró a una velocidad que solo un Estado centralizado puede coordinar:
1. En 2021, China superó a Estados Unidos como el país con mayor superficie plantada, llegando casi a 70.000 hectáreas.
2. Su producción se disparó. Se proyecta que su volumen nacional superará 1,2 millones de toneladas antes de que nos demos cuenta.
El objetivo era claro: la autosuficiencia.
China absorbe todo lo que produce y más… al menos hasta ahora. Pero esa fue la vieja narrativa. El juego decisivo se disputó en la genética.

EL SALTO GENÉTICO
China avanza hacia convertirse en “el número uno” en todo. Y para lograrlo el volumen no bastaba: necesitaba calidad superior adaptada a su paladar: grande, dulce, firme. ¿La vía? Propiedad intelectual (IP) y genética avanzada.
Aquí es donde el Cazador deja la paciencia y acelera.
En el mundo de los breeders tradicionales, desarrollar una variedad premium toma entre 10 y 20 años de cruces, pruebas y selección. Pero China ya muestra variedades propias —M8, M9, L42 y Bianca o Lianda Zhichun— con las características top del mercado. Y desarrolla estas variedades a la misma velocidad que incrementa sus volúmenes, desafiando la lógica tradicional.
Mi hipótesis es sencilla: si camina como pato, grazna como pato y nada como pato…
Para lograr esos resultados asombrosos, China aplicó herramientas de edición como CRISPR y, seguramente, usó material genético de variedades top adquirido mediante acuerdos con los grandes breeders.
CRISPR, el “ninja de la edición de ADN”, puede reducir el ciclo de desarrollo a solo 6 años. El Cazador no esperó una década; simplemente tomó el código genético que ya circulaba y usó la tecnología para reescribir la historia a su favor.
EL ¡ZAS!: LA EXPORTACIÓN
El golpe de gracia, el ¡zas! final, ya no es teórico.
Tras años de absorber conocimiento y construir su base productiva, China no solo se convirtió en el mayor consumidor mundial (superando a EE.UU en 2024), sino que ahora está lista para la ofensiva global.
La data de exportación es la prueba de la estrategia:
1. La explosión de 2023: el crecimiento interanual de las exportaciones chinas superó el 1.000% en varios meses, alcanzando hasta +3.530% en enero. No es una variación marginal: es el interruptor del motor exportador.
2. La desestacionalización (o producir las 52 semanas): se estima que el crecimiento de septiembre de 2025 superó el 1.900% respecto a 2024. China está extendiendo su ventana y ya no solo atiende la demanda interna: está generando exportaciones con crecimientos exponenciales.
Esta fruta ya no apunta a saciar su mercado interno, sino a competir directamente en los mercados premium del sudeste asiático —Hong Kong, Singapur, Tailandia— los mismos que buscan Chile, Perú, Marruecos y otros.
El Cazador Paciente ha completado el ciclo: de no tener arándanos, pasó a ser uno de los mayores importadores, luego el mayor productor, y ahora se revela como un exportador de rápido crecimiento que amenaza con colapsar el nicho de mercado de sus antiguos proveedores.
La lección para Occidente: el brillo de los millones de clientes y el 0% de arancel —la luz del pez linterna— son distractores poderosos. Más vale tener cuidado para no convertirse en el próximo bocado.

