“Lo que viene en materia genética es fascinante”
JORDI MATEU - CEO DE AGROMILLORA

“Lo que viene en materia genética es fascinante”

El CEO de la mayor red mundial de laboratorios y viveros de micropropagación repasa la expansión global de Agromillora, la cultura de innovación que la impulsa y el impacto de modelos agronómicos —como el olivar en seto— que han transformado la producción de alimentos en todo el mundo. Además, anticipa la próxima revolución: “La edición genética va a provocar saltos disruptivos que jamás imaginamos” , subraya.


Por Danilo Phillipi | Fotografía: Claudio Aguilera

A primera vista, un huerto de Súper Alta Densidad puede parecer una geometría impecable trazada sobre un paisaje agrícola. Hileras exactas de olivos o almendros que se suceden como si fuesen líneas de un pentagrama. Pero si uno afina la mirada, descubre que detrás de ese orden —de esa vegetación disciplinada que permite cosechar con máquinas que avanzan como si leyeran una partitura previsible— late una historia que empezó en un laboratorio. Allí, en tubos y cámaras de cultivo, nacen millones de plantas idénticas que después viajarán por el mundo para convertirse en fruta, aceite, vino o frutos secos. Buena parte de esas plantas lleva la huella de Agromillora, una compañía que opera en cinco continentes y que, sin hacer ruido, ha redefinido cómo se produce una parte significativa de lo que se cultiva y, en definitiva, de lo que comemos.

Agromillora nació hace 40 años en Barcelona, bajo la visión de sus fundadores de que la innovación biotecnológica podía cambiar la forma en que los agricultores producían alimentos. Ese espíritu quedó inscrito en su propio nombre: millora significa “mejora” en catalán. Lo que comenzó como una apuesta local para apoyar a los productores de Cataluña pronto encontró un impulso mayor. Primero España, luego Europa, y finalmente el mundo entero. La vocación global se abrió paso casi por casualidad, aunque —como suele ocurrir con las casualidades— estaba sostenida por una ambición clara.

El primer destino internacional fue Chile, en 1997. Más tarde llegarían Brasil y Oregon, en Estados Unidos. Jordi Mateu, CEO de la compañía, recuerda que aquella expansión temprana tuvo mucho de intuición y poco de manual empresarial: “Hicimos algo que ninguna escuela de negocios te aconseja: empezamos un proyecto sin estudio de mercado, sin experiencia, sin dinero ni plan de financiación… pero con una motivación y unas ganas extraordinarias. Y esto, creo, es lo que nos ha impulsado a tirar adelante este proyecto y a convertir a Agromillora en lo que es en la actualidad”.

Hoy la empresa está presente en Brasil, Chile, Perú y en su recién inaugurada filial en México. Su huella se extiende también a Estados Unidos (3 filiales), Australia y a buena parte del Mediterráneo: Marruecos, Túnez y Turquía, además del vivero original en España, sumando doce operaciones en todo el mundo. Nueve países, dos hemisferios y una constelación cultural diversa que obliga a repensarlo todo a cada paso. “Esta presencia multinacional es exigente desde el punto de vista de adaptación y flexibilidad”, apunta Mateu. “Desde el principio tuvimos clarísimo que este era un aspecto clave. A cualquier sitio siempre hemos ido con la humildad de aprender y de adaptarnos al lugar, y entonces ver qué podemos aportar en esas condiciones. Por ejemplo, siempre hemos tenido claro que las gerencias y los equipos tienen que ser locales. Esto nos ayuda a tirar adelante cualquier proyecto. Desde países musulmanes, como Marruecos o Túnez, hasta países anglosajones y liberales como Estados Unidos o Australia… hay un montón de diferencias culturales, religiosas, formas de hacer las cosas, maneras de comunicar, en fin, y hemos sabido adaptarnos con éxito a cada uno de esos entornos. Ha sido una tarea ardua, pero también es la parte más interesante del negocio”.

Una de las innovaciones definitorias de esta historia fue el desarrollo del olivar en seto, un sistema de Súper Alta Densidad que permitió mecanizar un cultivo milenario y elevar su rentabilidad. Hoy es un estándar global: más de 400.000 hectáreas se manejan bajo este modelo, y las proyecciones apuntan a que en 2030 se superarán las 700.000. Para Mateu, esta revolución fue fruto de la cultura que define a la compañía: “Siempre estamos buscando especies nuevas, geografías nuevas, donde exista alguna oportunidad de crear valor con nuestra genética y experiencia en propagación”.

El desafío no era menor: tecnificar un cultivo que cubría millones de hectáreas en el mundo, que sin embargo se trabajaba de forma totalmente manual. Emplazados en el Penedés, región vitícola por excelencia, se les ocurrió un experimento que sonaba temerario: usar las vendimiadoras cabalgantes para cosechar Arbequina, una variedad de olivar compacta. Subieron las densidades, modificaron la arquitectura del árbol y diseñaron un nuevo sistema agronómico. “La idea parecía una locura… era pasar de 200 plantas por hectárea a 2.000, en un cultivo ultra tradicional como es el olivo”.

Tres décadas después, la locura es un éxito incuestionable. “Transformó la industria. Hoy nadie se imagina una industria del aceite de oliva basada en el cultivo tradicional de bajas producciones y cosecha manual. Sería imposible. Ahora, gracias a esta tecnología somos capaces de producir grandes volúmenes de aceite a un costo controlado, que te permite ofrecerlo al mercado a un precio razonable y de esta manera aumentar el consumo. Definitivamente ha sido un modelo revolucionario, también para nosotros, porque nos ha permitido comercializar millones de plantas. Un win-win para la industria y para Agromillora”.

Ese mismo enfoque —densidades más altas, árboles más pequeños, mecanización plena— se ha aplicado con éxito en otros cultivos: ciruelos, cítricos, almendros. “Hoy estamos en condiciones de demostrar a la industria que es un modelo mucho más eficiente y sostenible que el tradicional”. En cítricos, los avances son superlativos: Agromillora ya posee la gama de portainjertos de bajo vigor más completa del mundo. “Plantas más pequeñas mejoran de manera sustancial la gestión de los costos. Definitivamente, el futuro de la citricultura pasa por hacer árboles de 2,5 a 3 metros máximo, donde con un escalón puedes hacer todas las operaciones. Pero para eso necesitas genética de bajo vigor, que nosotros hemos testeado y puesto a disposición del mercado”.

Agromillora se define como una “Plataforma Genética Global”. ¿Qué implica este concepto para el desarrollo de nuevos cultivos y para la eficiencia de la fruticultura moderna?

Dentro del negocio, Agromillora es una empresa especial. Los viveros suelen ser negocios familiares y con enfoque regional. Nosotros somos los únicos que tenemos un perfil corporativo de alcance global. Estamos presentes en las áreas agrícolas más importantes, y con los años nos dimos cuenta que nuestra aportación de valor era totalmente distinta al resto. ¿Por qué distinta? Además de estar en diversas latitudes y geografías, en Agromillora trabajamos muchas especies: olivo, almendro, cítricos, uva, berries, manzanos y estamos en permanente búsqueda de nuevos cultivos. En tal sentido, tenemos un contacto estrecho con breeders de todo el mundo que buscan propagar sus materiales. Entonces, vimos que nuestra posición global representaba una gran oportunidad. Los breeders están por todo el planeta y uno de sus desafíos principales es encontrar un partner fiable que les ayude a trasladar su material a cualquier geografía donde quieran desarrollarlo, y que además lo haga de forma seria y profesional. Y esa fue nuestra apuesta. Sabíamos que nuestro conocimiento profundo de los breeders nos iba a permitir acercarnos a ellos con una propuesta de valor: “Oye, tú que tienes un programa de mejoramiento genético de frambuesas en Chile, podemos ayudarte a llevarlas a Australia, a Europa, a Estados Unidos, a México, a Brasil y, además, te ayudamos a recolectar los royalties para que asegures tu retorno”. Entonces, esta idea —que es una idea innovadora, porque nadie hasta la fecha había tomado esta posición— está funcionando muy bien, y en estos momentos los breeders más importantes del mundo, de cualquier especie, están confiando en nuestra plataforma para mover sus materiales hacia distintas geografías.

¿De qué manera la multiplicación in vitro está contribuyendo a una agricultura más productiva, sanitaria y trazable?

Cuando empezamos, a mediados de los 80, la multiplicación in vitro era una tecnología que se utilizaba solo a nivel científico. Por eso, creo que uno de los grandes aportes de Agromillora fue llevar esta tecnología de propagación a un nivel comercial y escalable. Actualmente, en 11 de nuestros 12 viveros tenemos un laboratorio de cultivo in vitro. Somos, modestamente, líderes y expertos en multiplicación clonal. Nadie tiene el volumen y la capacidad que tenemos nosotros. ¿Y por qué? Pues porque la multiplicación in vitro ha demostrado ser el sistema más fiable para clonar material vegetal de forma segura y sana. La agricultura actual necesita asegurar no solo que la genética sea la mejor, sino que las plantas que cada uno recibe son true to type respecto de la genética original. Por lo tanto, la clonación de plantas es imprescindible, y la multiplicación in vitro en la mayoría de las especies suele ser el sistema más rápido, más fiable y más seguro para hacer este trabajo.

En las últimas décadas los avances en materia genética han sido impresionantes. ¿Qué podemos esperar para el futuro?

La genética es el driver de innovación más grande en la historia de la humanidad, definitivamente. Es lo que nos ha permitido dar los grandes saltos en agricultura y alimentación. Y lo que viene —me refiero a las posibilidades que ha abierto la edición genética— es todavía más espectacular. Vamos a ver saltos disruptivos que jamás imaginamos. Conseguiremos variedades resistentes a enfermedades que hasta ahora eran irreversibles. Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando con una compañía estadounidense, spin-off de la Universidad de Florida, que a través de la edición genética ha logrado desarrollar plantas tolerantes al greening, bacteria que ha devastado los huertos de cítricos en Brasil, en la propia Florida y que ahora va por México y toda Centroamérica. Este es solo un ejemplo, porque habrá mucho más: variedades que no necesitarán frío, variedades resistentes a las enfermedades más habituales, pudiendo reducir los tratamientos, especies o portainjertos resistentes a sequía o salinidad, con lo que podremos valorizar tierras que se habían desechado, en fin, lo que tenemos por delante es fascinante. Y esto nos permitirá mejorar aspectos tan importantes como la sostenibilidad, es decir, producir más y mejor utilizando menos recursos.

Agromillora es conocido como “el vivero de los viveros”. ¿Es algo que buscaron o se fue dando de forma natural?

En Agromillora siempre hemos tenido una vocación industrial, de producir grandes volúmenes de plantas, con un alto nivel de calidad y con un formato pequeño. Esto nos ha convertido en proveedores naturales de los viveristas. En estos momentos en Agromillora tenemos dos tipos de clientes: el cliente final, es decir el productor, a quien le aprovisionamos planta terminada, lista para llevar al campo, y que aproximadamente representa el 50% de nuestras ventas. Y luego están los viveros, que constituyen la otra mitad de nuestro negocio. Por nuestra capacidad de multiplicación in vitro, podemos proveer a la mayoría de los viveristas —en todos los países donde estamos— de portainjertos, para que ellos luego planten, injerten y posteriormente abastezcan a los productores. La multiplicación in vitro solo tiene sentido si tienes cierto volumen y escala. Es difícil que un laboratorio con una producción de un millón de plantas o menos sea rentable económicamente. Por lo tanto, los viveristas normalmente se tienen que apoyar con un proveedor que les provea de estos materiales en las cantidades que ellos necesitan. Y ahí nosotros hemos encontrado un nicho de mercado que nos ha funcionado muy bien, y nos permite trabajar con los mejores viveristas de los países donde estamos presentes.

¿Qué líneas de innovación específicas tienen para el canal viverista?

Tenemos muchas líneas de innovación que van dirigidas al viverista, con formatos y productos que encajan con sus necesidades. Por ejemplo, para el mercado europeo desarrollamos una planta que llamamos microinjertada. Es una planta que viene ya injertada en un microchip con la variedad que el viverista requiera. Esto le permite acortar muchísimo sus tiempos de producción y externalizar una parte de los riesgos que implica tener la planta en el vivero (heladas, granizos, etc.). Es un producto que hoy tiene mucho sentido, porque la escasez de mano de obra nos está obligando a ser cada vez más eficientes. Perú y México son las filiales más recientes de la compañía. ¿Cuáles fueron los criterios estratégicos que guiaron esta expansión? Para nosotros, Perú y México son dos filiales muy importantes desde el punto de vista estratégico. En Agromillora llevamos más de 20 años trabajando en el mundo de los berries. Hemos sido los primeros en protocolizar la multiplicación in vitro de la frambuesa y la mora. El Rubus es un género donde la industria ha mostrado mucha reticencia a utilizar la multiplicación clonal, por su riesgo de mutación. Sin embargo, en Agromillora hemos conseguido hacer un protocolo de multiplicación que minimiza el riesgo de mutación y esto nos ha hecho entrar en el negocio de los berries con visibilidad y reconocimiento. Perú y México son dos grandes hubs de producción de berries. Son mercados enormes donde no estábamos o trabajábamos indirectamente. Entonces llegó un momento en que dijimos, si queremos consolidar nuestra posición dentro de la industria, pues hay que estar allí, como estamos en Chile y Brasil. El primer año en Perú ha sido realmente fantástico, y por supuesto tenemos grandes expectativas para nuestra nueva filial en México.

En los últimos años, Chile ha ido perdiendo liderazgo frente a la capacidad productiva de Perú. ¿Cómo proyectas el escenario de la fruticultura de la región hacia el futuro y de qué manera lo está abordando Agromillora?

Es cierto que Chile ha perdido posicionamiento en especies clave. Pero, vamos, el país tiene una industria con una mentalidad agrícola profesional, competitiva, con vocación exportadora, con recursos climáticos y de suelo suficientes como para pensar que la agricultura chilena en el futuro seguirá siendo de referencia; evidentemente no en todas las especies, pero sí en muchas especies importantes. En consecuencia, nosotros seguiremos apostando por Chile y esperamos seguir creciendo en este mercado. En el caso de Perú, sin duda es el player del hemisferio sur con mayor potencial de crecimiento: por sus esfuerzos en mejorar su infraestructura hídrica, por poner en valor miles de hectáreas, por su capacidad de hacer posible lo imposible… Su potencial va mucho más allá de los arándanos. Perú tiene mucho que decir, por ejemplo, en carozos como duraznos, nectarines y, probablemente, cerezas. Ahora bien, como Agromillora vemos que toda Latinoamérica, y especialmente América del Sur, tiene un enorme potencial de crecimiento agrícola.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a los jóvenes agrónomos y emprendedores que buscan transformar la agricultura desde la innovación y la sostenibilidad, como lo han hecho ustedes?

La agricultura está en un momento fascinante. Tenemos una disponibilidad tecnológica que no había existido nunca. Los programas de mejoramiento genético se han desarrollado a límites insospechados. Y ahora mismo ya estamos en la siguiente etapa: la edición genética, que es el gran salto cualitativo que va a experimentar la industria en todos los niveles. Estamos en presencia de un cambio disruptivo, que nos va a traer unas oportunidades que aún somos incapaces de visualizar. Y luego hay toda una serie de tecnologías de mecanización y digitalización que harán que la agricultura futura sea mucho más especializada y previsible. Este entorno altamente tecnológico, atraerá no solo inversores, sino que también talento joven, que se sentirá seducido para ser parte de este negocio. La agricultura que viene no tiene nada que ver con la que hubo en el pasado. En los momentos disruptivos, si estás en el lugar correcto, las oportunidades que se te abren son tremendas. La necesidad de alimentar de forma sana y sostenible seguirá creciendo. Y para eso necesitaremos tecnología, pero también profesionales capacitados.

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