Ruy está retirado. De las pistas, claro. Atrás quedaron años de trofeos y campeonatos. Sin embargo, de la moto no se ha bajado nunca. Es dueño de una concesionaria Honda en Santiago y cada cierto tiempo se lanza a la ruta en viajes de largo aliento. Al momento de esta entrevista acababa de volver de una de esas travesías. Había llegado hasta la región del Maule, no sin antes hacer escala en San Fernando para visitar a don Bruno Margozzini, fundador de Frusan y uno de sus grandes mentores en el negocio de la fruta.
Las paredes de su oficina en Providencia están repletas de fotos que hablan de una vida ligada al deporte tuerca: podios, saltos imposibles, motos cubiertas de barro, un joven Ruy levantando los brazos en una meta polvorienta. De su otra pasión, la fruta, ni rastros… no al menos en las paredes. La fruta, en realidad, le corre por las venas, dice. Tanto, que su trabajo como ejecutivo del sector le resulta aún más excitante que el rugido de los motores. Durante años estuvo jugando a dos bandas, entre la fruta y las motos. Hasta que un día, con casi 40, se dijo: “No hay nada que me genere más adrenalina que el negocio de la fruta”.
Pero los recuerdos de las pistas y los años de gloria siguen vivos. Mientras me cuenta sus hazañas, de pronto se inclina hacia el computador y entra a YouTube. Teclea con rapidez y en la pantalla se despliega la memorable carrera de 1988, donde con 17 años se consagró campeón juvenil de bicicross, relatada por el mismísimo Pedro Carcuro. Seis años antes, en Dayton, Estados Unidos, había alcanzado por primera vez el cetro mundial en la categoría infantil. Era apenas un niño pedaleando contra el mundo.
Aquel chico que volaba sobre una BMX y que después surcó los aires montado en una moto es hoy el presidente del Comité de Arándanos de Chile y country manager de North Bay Produce. Su historia —la del deportista y la del ejecutivo— podría contarse como una serie de curvas entrelazadas: bicicross, motocross, familia, negocios, enduro, rally, mercados globales. Todo entra y sale a gran velocidad. Todo parece conectado.
Es la biografía de un hombre formado en el vértigo y en la obsesión por competir siempre al nivel más alto. Un piloto que aprendió a leer el terreno, a tomar decisiones en milisegundos, a manejar la presión, a caerse y levantarse. Una historia que, de alguna manera, explica su lectura sobre el presente del arándano chileno.
El momento no es fácil: la genética ha cambiado, la logística se ha complejizado, el mercado exige un producto premium y, en este contexto, Chile ha cedido el liderazgo.
Sin embargo, Ruy parece más optimista que nunca. “Seguimos siendo el segundo proveedor mundial. Y eso, con todo lo que ha pasado, habla de una industria resiliente”.
El argumento que más repite es, a la vez, el más polémico: el auge de Perú no es el fin del arándano chileno; es una tremenda oportunidad. “Muchos me dirán: ‘Tú estás loco, yo quebré porque entró Perú’. Lo entiendo. Pero miremos la película completa. Lo que Perú hizo fue ampliar la cancha. Generó más consumo, más categorías, más espacio en los supermercados. Subió los estándares. La gente probó un arándano mejor… y está comprando más”.
Su tesis es simple: si hay más demanda, hay más juego. Chile no será el protagonista solitario de antes, pero puede ser el actor clave que complemente la oferta peruana. “Somos un país con tradición agroexportadora, que sabe hacer bien las cosas… tenemos una reputación histórica que no desaparece de un día para otro”, subraya.
Ruy habla del arándano como si hablara de motocross: velocidad, técnica, riesgo, e identifica tres desafíos fundamentales. Uno, reconversión varietal acelerada: “La genética cambió el juego; si no cambiamos rápido, estamos fuera”. Dos, consistencia y calidad: “El consumidor y los retailers no perdonan, y la competencia es feroz”. Tres, innovación y estrategia: “En la fruta, como en las carreras, no siempre gana el más rápido; gana el que sabe llegar hasta el final”.
LA DINASTÍA BARBOSA
Ruy gira nuevamente la pantalla. Esta vez para mostrarme el comercial de yogurt Soprole que protagonizó a comienzos de los años 80. —¡Claro que lo recuerdo! ¡En serio ese niño eres tú!, le digo sorprendido, y me resulta inevitable comenzar a canturrear el icónico jingle: “Lo podemos lograr, lo podemos lograr…”. Un clásico.
Ruy Barbosa Prieto (55) fue dos veces campeón del mundo en bicicross. Sus triunfos internacionales generaron un verdadero boom por este deporte y, de alguna manera, es responsable de que en los 80 miles de niños soñáramos con una BMX para Navidad.
Al dejar la adolescencia cambió de montura para volcarse al motocross, y años más tarde terminaría ganando nacionales de rally y enduro. Su carrera deportiva transcurrió como una suerte de genealogía natural: los motores en la familia Barbosa son casi una institución, una suerte de dinastía con casco en lugar de corona. De hecho, por estos días su hijo, Ruy Barbosa Barceló (Ruy Barbosa IV) se encuentra en Arabia Saudita compitiendo en el Dakar, el rally raid más exigente y peligroso del planeta. Una carrera que él mismo estuvo cerca de correr, y que quizás es una de las “espinitas” que le quedó de su época de piloto.
La estirpe de los Barbosa impresiona. El tatarabuelo del tipo que tengo al frente es nada menos que Orozimbo Barbosa, el valeroso general que combatió en la Guerra del Pacífico y en la Guerra Civil de 1891, muriendo de forma cruenta al mando de las tropas leales al presidente Balmaceda. Su bisabuelo en tanto, Enrique Barbosa Baeza, fue un influyente político liberal, diputado, ministro de Relaciones Exteriores y fundador del Comité Olímpico de Chile.
Pero sería su abuelo, Ruy Barbosa Popolizio (el primero de su nombre), quien inauguraría la pulsión familiar por los motores. Y también por el agro.
Destacado agrónomo y académico especializado en enología, Ruy Barbosa I fue ministro de Agricultura de Jorge Alessandri y más tarde rector de la Universidad de Chile. A la cabeza del Minagri fundó el INIA y fue una figura clave para dar inicio al proceso de Reforma Agraria, en 1962.
Ruy acostumbraba pasar las vacaciones en el campo que este particular abuelo tenía en Melipilla. Distinguido, refinado, apasionado por los autos con estilo, Barbosa Popolizio cada año cambiaba de modelo para demostrarle a su padre abogado que ser agrónomo era tan o más importante que ser jurista, profesión que hasta entonces era la tradición familiar.
Abocado de lleno a la academia y la política, sería su hijo Ruy Barbosa Gellona (Ruy Barbosa II) quien no solo tomaría las riendas del campo, sino que heredaría el amor por los autos y lo convertiría en adrenalina pura. El llamado del rally fue más fuerte que sus estudios de agronomía, y en 1975 a bordo de su Fiat 125 azul se coronó campeón de Chile. Más tarde fue uno de los fundadores de la Federación de Bicicross, trazando para siempre el destino de su primogénito, Ruy Barbosa III.
LA RUTA HACIA EL ARÁNDANO
“Nuca fui el alumno ejemplar”, admite Ruy con naturalidad, sin culpa ni vergüenza. Portador de una pasión incurable, su andar en la vida siempre tendió a dibujar caminos alternativos. Tras egresar del Verbo Divino entró a ingeniería en administración de agronegocios, una carrera rara para la época, híbrida entre agronomía e ingeniería comercial. Pero la bicicleta dio paso a la moto y la nueva pasión lo arrastró lejos de las aulas. Fue campeón latinoamericano de motocross, ídolo de una generación, pero también un joven que entendió temprano que vivir de la moto sería una quimera. Se había enamorado de su actual esposa, Francisca Barceló, y decidió buscar un rumbo. Ese rumbo fue la fruta.
Ingresó al rubro en 1993, en el frigorífico de la exportadora Top Fruit, vendiendo fruta a los supermercados.

Su foco era el mercado interno y así recorrió Chile buscando uvas, manzanas y naranjas. En esta tarea, reconoce que tanto su fama deportiva como su dinástico nombre fueron un “abrepuertas”. “Campo donde llegaba recibía un cariño enorme, ya sea porque me recordaban por el bicicross y las motos o porque sentían un gran respeto por mi abuelo y mi padre”, relata.
Un buen día de 1994, su amigo motoquero Andrés Margozzini Garibaldi le propuso armar una sociedad junto a su hermano Bruno y a quien terminaría convirtiéndose en su gran mentor y referente: el patriarca del grupo familiar, don Bruno Margozzini Cella. Eran años donde el mercado interno vivía un acelerado proceso de modernización, y el objetivo de Alto Calibre —como bautizaron a la sociedad— era aprovechar este momento para poner más fruta en los supermercados. Sin embargo, el negocio no resultó como esperaban. “Los supermercados en aquellos años eran derechamente abusivos con los proveedores. Nos imponían condiciones leoninas, hacían que nos ‘sacáramos los ojos’ entre nosotros y las devoluciones sin pago eran habituales. Nos reventaron a varios”.
Con esa experiencia amarga decidió separar aguas y operar como agente independiente. Comercializó fruta para varios fruteros importantes, entre ellos Hernán Garcés, cuando este recién comenzaba a focalizarse en la fruta que lo haría célebre: la cereza. Hoy, Hernán es uno de sus grandes amigos en la industria.
Por esos años, Ruy se había convertido en corredor de enduro, llegando a ser campeón de Chile. Fue compañero de equipo del legendario Carlo De Gavardo e incluso, en una carrera épica, derrotó al multicampeón Giovanni Sala. Entusiasmado con relanzar su carrera deportiva, se fue a Europa a correr el campeonato mundial. Sin embargo, este viaje marcaría un punto de inflexión para Ruy. Se dio cuenta que compatibilizar su carrera deportiva con su trabajo en la fruta era un imposible. “Estuve todos los días llamando por teléfono para atender mis negocios”, cuenta.
Volvió a Chile decidido a enfocarse en el sector. Colaborando con diversas empresas, comenzó a transitar desde el mercado interno a la exportación. En 2002 ingresó a Prima Agrotrading como gerente de producción. Ahí conoció el mundo del arándano, justo cuando Chile comenzaba su ascenso como líder global. “Era un boom. Todo parecía posible. Había escasez de fruta en ciertas ventanas, se pagaban retornos extraordinarios, y cada nueva plantación era un salto al vacío que siempre caía bien”, recuerda.
En esos años dudó, por un momento, entre seguir con la fruta o dedicarse a su negocio de venta de motos. Pero la decisión se tomó sola. “Me di cuenta de lo mucho que me gustaba el negocio de la fruta. Es una adrenalina insuperable, tremendamente adictiva. Que el embarque marítimo pa’llá, que el aéreo pa’cá, que la fruta de Ovalle, que la de Parral, que las ventas en Estados Unidos, que te llaman de Europa… es una locura maravillosa, espectacular, tienes que estar enfocadísimo todo el rato. Es como correr un rally, pero todos los días”.
En 2010, una llamada marcaría el comienzo de una nueva etapa. Su amigo Edmundo Elissetche, fundador de PIA (hoy Qima), le comentó que uno de sus mejores clientes en Estados Unidos se encontraba buscando un gerente para su operación en Chile. A los días estaba reuniéndose con Ezequiel “Zeta” Giménez, gerente para Latinoamérica de North Bay Produce. “Con ‘Zeta’ fue amistad a primera vista —dice—. Yo estaba evaluando correr el Dakar en auto ese año… pero dije no, es hora de enfocarme”. Y así fue como Ruy Barbosa Prieto se incorporó a esta cooperativa con sede en Michigan, dedicada a la importación de fruta premium para los mercados de Norteamérica, Europa y Asia, con foco en retail.
Quince años después, sigue al mando de la oficina chilena. Su misión como country manager es gestionar la relación con los proveedores de arándanos: hoy unas veinte empresas locales envían su fruta al mundo a través de North Bay. Es un puesto ejecutivo, pero también diplomático: equilibrio entre productores, mercados y una industria sometida a presiones crecientes.
Esa visión y capacidad ejecutiva lo llevó, en 2024, a asumir la presidencia del Comité de Arándanos de Chile. Un gremio que en los últimos años ha debido sortear una pista llena de curvas.
Durante más de dos décadas, Chile fue sinónimo de arándanos en el mundo. El “chilean blueberry” era garantía de calidad y suministro confiable. Pero el tablero cambió con velocidad de rally. Perú irrumpió con volúmenes gigantes, cosechas más largas y genética nueva. Otros países crecieron también. Los costos logísticos se dispararon.
Para muchos, el diagnóstico es conocido: Chile perdió competitividad. Para Ruy, el análisis es más matizado. Y más optimista. “Tenemos todo para posicionarnos como una pieza imprescindible del puzle global”, me dice, y de inmediato pienso en el jingle de Soprole…
La conversación vuelve, una y otra vez, al paralelismo con los deportes tuerca. “En las carreras, tú puedes ser un excelente piloto, pero si tu moto está mal preparada, no ganas. Si tienes un equipo que se descoordina, no ganas. Si duermes poco, no ganas. Son miles de factores que influyen. En el arándano pasa lo mismo. Y en los últimos años, nosotros, como país, tuvimos baches: genética vieja, campos envejecidos, logística más cara, clima adverso”.

—¿Y ahora? —Ahora estamos afinando la moto. Nuevas variedades, fruta de mayor calibre, cambios en la industria, esfuerzos gremiales para ordenar la oferta y promover buenas prácticas. Chile está haciendo la pega. Y cuando Chile hace la pega, siempre vuelve a estar en la pelea. —¿Puede Chile volver a liderar? —Liderar como antes, no. El tablero cambió. Pero ser un actor clave, imprescindible, sí. Absolutamente. Y en eso estamos trabajando.
Más allá de su mayor potencial productivo, ¿qué hizo bien Perú que Chile debe replicar para alcanzar ese estándar y consistencia?
En el éxito de Perú la nueva genética ha sido fundamental, eso hay que dejarlo súper claro, ya que les ha permitido producir fruta más grande, más consistente y en algunos casos incluso con mejor sabor. Pero, además, han invertido muy fuerte en tecnología y en la formación de técnicos y profesionales. Hoy en el arándano peruano trabajan equipos de primer nivel. Por otra parte, Perú ha logrado clasificar muy bien su fruta, ofreciendo diversidad de calibres, algo que en Chile aún estamos en proceso. En los últimos dos años la verdad es que nos entregamos bastante a la venta a granel, dejando la tarea de segregar la fruta al comprador.
En algún momento el pesimismo en el sector era evidente. El ánimo claramente ha cambiado.
Pasamos momentos muy complejos y nos desmotivamos. Veíamos que competir con Perú era una misión imposible. De hecho, algunos peruanos llegaron a decir que Chile iba a desaparecer como player, tal como había pasado con Argentina. Pero estaban equivocados. Y la demostración es que nos hemos mantenido bastante estables en nuestros volúmenes de exportación y los mercados nos siguen requiriendo. Perú, por el momento, no puede abastecer al mercado las 52 semanas del año, y espero que no lo logre (risas). Y ahí Chile tiene un espacio súper interesante, que debemos saber abordar con estrategia y decisión.
¿Qué implica aquello?
Desde el Comité de Arándanos el mensaje ha sido muy claro en cuanto a las variedades que hoy pueden competir y aquellas que no.
¿Y ese mensaje ha sido escuchado?
En gran parte de la industria sí. Por supuesto era algo que no todo el mundo quería escuchar y al principio hubo resistencia a aceptar que muchas de las variedades antiguas ya no eran competitivas. Pero el mercado mismo se ha encargado de poner las cosas en su lugar. Para la fruta chilena la logística es un tremendo desafío y una realidad que no se puede soslayar al momento de elegir una variedad.
Ya que mencionas la logística, tú has sido particularmente crítico del servicio prestado por las navieras…
Sucede que muchas veces las navieras no han sido lo suficientemente eficientes en sus procesos. En periodos de gran demanda de contenedores los arándanos pasamos a ser los parientes pobres de la cereza. Y aunque a algunos no les guste que yo lo diga, la fruticultura chilena sigue siendo mucho más que cereza. Felizmente las cosas han cambiado. Hay nuevos actores y servicios, y como Comité hemos realizado las gestiones para conseguir que buques charter estén disponibles para los arándanos.
Volvamos al tema varietal. ¿Qué tan avanzado está el recambio en términos concretos?
La industria está reaccionando. En los dos últimos años he constatado la convicción de los productores de hacer recambio varietal. Esta temporada totalizaremos más de 3 millones de kilos de nueva genética. Si seguimos en este camino, no tengo duda que lograremos ser competitivos. Hacer la transición completa nos va a tomar tiempo, es cierto, porque en Chile el retorno a la inversión es mucho más lento que en Perú: lograr 3 kilos por planta a los peruanos les puede costar diez meses; a nosotros, tres años. Pero hay que hacerlo, no podemos perder más tiempo. Nosotros —y ahora te hablo como North Bay— hemos visto la potencialidad de estas variedades, son espectaculares. Y Chile, con su enorme tradición agroexportadora, tiene todo para incorporarlas de forma exitosa.
¿El recambio varietal le abre al arándano chileno la oportunidad de diferenciarse en el mercado, por ejemplo por un mejor sabor?
Absolutamente. Esa fruta va a ser un tremendo suceso en el mercado. Es sabido que en Chile las variedades high chill (de alto requerimiento de frío), e incluso las low chill, logran un sabor espectacular, gracias al diferencial de temperatura que se produce entre el día y la noche. En todos los estudios comparativos que se han realizado el sabor de la fruta chilena figura entre los mejores del mundo. Esto es súper relevante, porque hoy en día los supermercados están midiendo constantemente el sabor de la fruta, considerando acidez, grados Brix, etc., para luego cruzar estos resultados con la respuesta del consumidor y la rotación en la góndola. China, por ejemplo, es un mercado que claramente privilegia el dulzor. Es verdad, Perú subió la vara, pero ese nuevo estándar puede favorecer enormemente a Chile.

UNA INDUSTRIA FÓRMULA 1
El optimismo de Ruy Barbosa no se sostiene solo en las capacidades de Chile como player global. El escenario internacional y las nuevas preferencias del consumidor también juegan a favor del fruto azul. Categórico, Ruy lanza sin titubear: “Escúchame bien: en un futuro próximo el arándano será la fruta más consumida del mundo”. No se trata de una declaración movida por la pasión o un voluntarismo ingenuo. Son —dice— los datos y las proyecciones los que le dan piso a tal afirmación.
Primero, porque el arándano ha logrado adaptarse a climas que hace una década parecían impensados, lo que permite asegurar abastecimiento durante las 52 semanas del año. Segundo, por su extraordinaria facilidad de consumo: no chorrea, no tiene cuesco ni pedicelo, puede comerse a cualquier hora, funciona como snack, como postre, en tragos, molido, en jugo… y la lista sigue. Tercero, porque cuenta con una enorme base de mercados abiertos y desarrollados, lo que hace que hoy el arándano esté prácticamente disponible en todo el planeta. “Ya se quisiera la cereza un mercado tan diversificado como lo tiene el arándano… Todo esto me llena de optimismo de cara al futuro”.
Para ilustrar lo anterior, Ruy recurre al ejemplo de North Bay: “El crecimiento que hemos tenido estos últimos años gracias a las variedades premium ha sido extraordinario. Y no se trata de crecer sin saber dónde colocar la fruta. Estamos creciendo en base a lo que los clientes nos van pidiendo. Y la respuesta ha sido espectacular, tener estas variedades premium nos ha abierto puertas que con las variedades tradicionales hubiera sido imposible. En Chile hay empresas que ya están trabajando con programas genéticos de última generación, como Sekoya, MBO, OZblu o IQ, y con toda seguridad van a ofrecer un producto excepcional. En definitiva, lo que quiero subrayar es que, de la mano de estas nuevas variedades, el arándano chileno tiene todo para competir al más alto nivel en los mercados mundiales”.
Y al revés, si no se hace el recambio asumo que el arándano chileno quedará fuera del juego, ¿no?
No vamos a poder competir. Así de claro. Porque además hay que tener presente lo siguiente: las ventanas se van a acabar. Habrá un abastecimiento constante y desde distintos orígenes. Hoy el que lleva el pandero es Perú, pero Marruecos se está comenzando a asomar con una fuerza increíble y es un competidor súper duro para nosotros. La fruta que producen es espectacular y tienen un tránsito de 10 a 12 días a Estados Unidos y Canadá. Y qué decir de lo fácil que les resulta llegar a Europa, que es su mercado natural. También está Sudáfrica, que llega a Europa en noviembre o diciembre, Turquía, en fin. Entonces, nuestra fruta tendrá que competir contra esa genética y con esas condiciones. Mira, yo no soy para nada futbolero, pero me gusta hacer esta analogía: no es posible que la Selección Chilena haya pretendido llegar al mundial haciendo partidos amistosos contra Haití. Si tú quieres competir al más alto nivel, tienes que prepararte jugando contra Brasil, Alemania, Argentina. Por la carrera deportiva que hice sé lo que es competir contra los mejores. Fui campeón del mundo y campeón latinoamericano. Siempre tuve conciencia de mis capacidades, de mis condiciones y confiaba en que competir y ganar era posible. Ésa es la visión que debe imperar en la fruticultura chilena.
Eso de “entrar al mercado cuando no hay nadie” se acabó…
Se acabó. Siempre habrá alguien, siempre habrá que competir. Mi éxito no puede depender de que un evento climático perjudique a mi competidor, ¡no! ¡Eso no puede ser! Si hoy quieres mantenerte en el negocio, tienes que estar dispuesto a competir al más alto nivel y aspirar a ser campeón.
Siguiendo con las analogías, alguna vez dijiste que para competir hay que estar al nivel de McLaren y Red Bull y no pretender tener éxito con un motor de Fórmula 2.
Tal cual. En el mercado del arándano hay una F1, una F2, una F3 e incluso puede haber una F4. Pero mientras más F1 haya compitiendo, la gente va a preferir el F1, no va querer el F4. Entonces, claro, hoy puedo salir a vender mis Brightwell tradicionales y alguien me las va a comprar. Pero, a medida que avance el tiempo y aumente la disponibilidad de la nueva genética, las variedades antiguas van a ir desapareciendo de manera natural. ¿Por qué ya no exportamos O’Neal? Porque sabemos que no llega ni a la esquina en buena condición y que el consumidor no la quiere. ¿O Elliott? Porque la encontraban ácida, tenía mala postcosecha y no llegaba bien a los mercados.
Déjame ponerte en un caso hipotético. ¿A una empresa como North Bay le importaría si Chile desapareciera como player?
Esa es una súper buena pregunta. Hay importadores importantes que han descartado a Chile y están poniendo sus fichas en Perú, México y Marruecos. Son decisiones estratégicas que cada empresa tiene derecho a tomar. Sin embargo, en North Bay creemos que Chile y Perú son un súper buen complemento. Y lo concreto es que necesitamos a Chile. Nos pasa por ejemplo con los orgánicos, donde venimos creciendo de la mano de Perú de forma espectacular. El productor de arándanos orgánicos más grande de Perú —Cerro Prieto— trabaja con nosotros. Esta temporada partieron muy temprano y en noviembre su producción comenzó a caer. Entonces, ahí creemos que Chile puede ser una excelente opción para dar continuidad al producto premium que esperan nuestros clientes.
O sea, para North Bay es clave potenciar a Chile como proveedor.
Exacto. Cuando tú has logrado ganar una participación en un mercado determinado, si se te produce un vacío entre un origen y otro corres el riesgo de que alguien llene ese espacio. Hoy no se trata solamente de vender a buen precio. Se trata de mantener la participación que con mucho esfuerzo has ganado. Efectivamente, hoy se nos produce un vacío entre las producciones orgánicas de Perú y Chile, como también entre las producciones de Chile y México, que quizás Chile podría cubrir con algunas variedades tardías. Entonces, como puedes ver, North Bay sigue considerando a Chile un proveedor clave en su estrategia de desarrollo.
¿Están apoyando a productores en Chile?
Sí, estamos apoyando con mucha fuerza proyectos de productores en Chile. Nos ha costado crecer, pero esperamos llegar al 2028 con cerca de 400 hectáreas de Sekoya plantadas.
¿La sobreoferta te preocupa? Perú, China, Marruecos… todos siguen plantando como locos.
Mira, hace unos días un productor me preguntó “oye, qué precio podría yo proyectar para el año 2032”. Imagínate lo difícil de la pregunta. Así que le dije, no puedo responderte eso, pero sí te puedo decir que esta temporada a mayor oferta los precios han estado mejores. Y eso es producto de que Perú ha manejado muy bien su distribución por mercado, que han informado de forma oportuna sus volúmenes y que la calidad ha sido espectacular, todo lo cual ha redundado en un incremento de la demanda. Entonces, yo no te puedo decir qué precio tendrá tu fruta en el 2032, pero sí creo que en la medida que ofreces un producto premium, llegas a nuevos mercados y trabajas de manera adecuada tu packaging y promoción, tu competitividad debería estar garantizada.
Ok, pero que China esté creciendo tan fuerte en superficie ¿no es tema?
Que China produzca más arándanos va a ayudar a que más consumidores chinos conozcan y se enamoren de los arándanos, estimulando el consumo. Lo mismo podría pasar con la India. Yo lo veo de esa forma. Seguro habrá otros que ven en este crecimiento un riesgo de que China limite sus importaciones, o que gane relevancia como exportador. Pero, mira, los mercados tienden a regularse solos. Y claro, cuando los mercados se regulan algunos salen dañados, mientras que otros se fortalecen: aquellos que lo hacen mejor. Selección natural se llama, punto.

